Trastornos de ansiedad en el niño: tratamiento, causas, síntomas, diagnóstico y prevención

Aunque los trastornos de ansiedad afectan tanto a los niños como a los adultos, hay varios síndromes específicamente pediátricos, como el trastorno de ansiedad por separación y el trastorno por ansiedad excesiva infantil. Estos trastornos comparten algunos rasgos, como la preocupación excesiva, la evitación social y un deseo excesivo de proximidad física con el responsable principal del niño.

La ansiedad por separación es un proceso del desarrollo normal que comienza hacia los 6 meses de vida, alcanza un máximo hacia los 15 meses y después disminuye de for-

ma gradual durante el tercer año de edad. Sin embargo, el trastorno de ansiedad por separación se caracteriza por una preocupación persistente e irreal de que le ocurra algo malo a uno de los padres o al cuidador o a miedos a que la muerte o un accidente hagan desaparecer a la persona responsable de su cuidado. A veces estos niños también se niegan a dormir en su cama o a ir a la escuela. El DSM-IV estima que aproximadamente el 4 % de los niños y los adolescentes presentan un trastorno de ansiedad por se-paración.1 Con frecuencia las familias están muy unidas. El médico que se encuentre ante un caso de ansiedad por separación debe animar a los padres a proporcionarle al niño un equilibrio adecuado a su edad entre el apoyo y la independencia. Por ejemplo, a los niños que no quieren ir a dormir a su cama no debe permitírseles dormir en la cama de los padres sino que se le debe colocar en su habitación una luz suave, música o su juguete favorito. En casos extremos, puede permitírsele dormir sobre una alfombra cerca de la cama de los padres, como un paso de transición a dormir solos. Igualmente, no debe aceptarse el rechazo a ir a la escuela y el niño deberá asistir a la clase que le corresponda. Para reducir la ansiedad a veces es útil dejarle llevar un “objeto transicional”, como una fotografía de la familia.

El trastorno por ansiedad excesiva infantil se observa principalmente en los niños que ya están en grado elemental y en los adolescentes jóvenes.11 Estos niños experimentan un exceso de ansiedad previamente a situaciones en las que van a ser sometidos a una evaluación. Su respuesta consiste en un aumento considerable de la autoconcien-cia, pensamientos excesivos sobre futuros acontecimientos y quejas somáticas funcionales como cefalea y dolores de estómago.11 Muestran un alto grado de autocrítica y suelen solicitar de los adultos que les tranquilicen. Exteriormente estos niños parecen inquietos o tensos debido a su incapacidad para relajarse. Se ha estudiado relativamente poco el tratamiento de los niños con trastorno por ansiedad excesiva infantil. Se ha sugerido la posible utilidad de combinar los entrenamientos para relajarse con una interacción social estructurada. El médico puede recomendar a los padres que le den oportunidades para interrelacionarse de manera gradual con otros niños de su edad, comenzando con actividades en las que esté presente varias horas un compañero de juegos antes de introducirlo en grupos sociales pequeños. También puede animarse a los padres para que ayuden al niño a mantener intercambios sociales haciendo diversos papeles. En los niños que requieren un tratamiento psicológico formal, lo más útil es remitir al niño a un especialista o a una terapia de grupo con niños de su edad.

Las fobias son frecuentes tanto en los niños como en los adultos. La prevalencia global de fobias específicas es durante toda la vida de aproximadamente un 10 %. Las fobias pediátricas son distintas del miedo que con frecuencia tienen los niños a la oscuridad, los extraños y los animales. En las fobias el grado de miedo es desproporcionado y el niño evita o tolera la situación fóbica con gran malestar. Para diagnosticar una fobia en un niño es preciso que el estrés o la evitación produzcan en él trastornos sociales, escolares o familiares. También es frecuente la preocupación y la ansiedad previas a la aparición del objeto o la situación

causantes de la fobia. El tratamiento de elección es el entrenamiento para la relajación (respirar profundamente y a veces ejercicios sistemáticos de tensión-relajación de los grupos musculares) junto con una exposición escalonada al estímulo fóbico.18

Al parecer en los niños y los adolescentes se diagnostica poco el trastorno obsesivo-compulsivo (TOC). Hasta muy recientemente, con frecuencia este trastorno no se reconocía durante la infancia. Sin embargo, estudios retrospectivos de adultos con TOC indicaron que en alrededor del 40 % de estos pacientes el inicio del trastorno se produjo durante la infancia o la adolescencia.19 La edad media de inicio parece ocurrir hacia los 13 años de edad.20 Mientras que el TOC de inicio en la vida adulta se observa más o menos por igual en ambos sexos, el de inicio infantil parece ser más frecuente en los niños varones.20 La prevalencia en los niños y adolescentes es de alrededor del 1 %.11

El TOC se caracteriza por pensamientos intrusivos y repetitivos que producen ansiedad (obsesiones) y por acciones rituales (compulsiones). La conducta repetitiva no tiene función alguna, excepto la de reducir temporalmente la ansiedad. Las obsesiones más frecuentes son los miedos a la contaminación por la suciedad o por gérmenes, los actos agresivos hacia el propio paciente o a otras personas y una excesiva escrupulosidad y sentido del orden. Las compulsiones más frecuentes son lavarse, comprobar cosas (p. ej., los cierres, que el horno esté apagado), contar o poner en orden los objetos. El TOC de la niñez puede diferir del observado en los adultos, incluyendo compulsiones que no se corresponden a las obsesiones habituales así como conductas infantiles, como chuparse los dedos.19 Los tics son frecuentes y parece existir una relación entre el TOC infantil y el síndrome de la Tourette.19

El tratamiento es multimodal; en los TOC las medidas más útiles son los fármacos, la terapia conductual y la intervención familiar. La clomipramina se utiliza con éxito en los adultos y parece que también es ventajosa para los niños.19 También se han demostrado ventajas con la terapia conductual, haciendo hincapié en la exposición gradual a las situaciones causantes de ansiedad.11 Con frecuencia los padres participan con exceso en el tratamiento de los niños con TOC y pueden contribuir a su aislamiento social. Por lo tanto, la terapia familiar centrada en aumentar las actividades comunitarias y favorecer una mayor independencia del niño, quizá tenga un efecto aditivo a los tratamientos de redirección y exposición.