Trabajadores sanitarios: tratamiento, causas, síntomas, diagnóstico y prevención

El año en que se publicó la lista original de enfermedades laborales, 1982, también marcó el comienzo de la epidemia de síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA). Durante los años siguientes asumió importancia nacional el papel de las enfermedades infecciosas en los trabajadores sanitarios. Además de la legislación sobre patógenos transmitidos por la sangre, que reguló en gran parte las precauciones universales, el gobierno federal ha promulgado normas sobre la tuberculosis. De hecho, en 1992 los hospitales encabezaron la lista de empresas con mayor incidencia de enfermedades y lesiones, con 326.000 casos.27 La cifra no sólo refleja la mayor percepción de los peligros dentro de los hospitales, sino que también identifica un segmento de la economía que consume más del 14 % del producto nacional bruto.

Patógenos transmitidos por la sangre

A pesar de la preocupación por el VIH, es mucho más probable que los trabajadores estén afectados por la hepatitis B. Se estima que entre los más de cinco millones de trabajadores sanitarios de EE.UU. existen de 6.000 a 7.000 casos de hepatitis B, con más de 200 a 300 muertes anuales. El riesgo de que un trabajador no vacunado contraiga la hepatitis B puede llegar al 40 % si se pincha con una aguja contaminada con sangre positiva para el antígeno e del virus de la hepatitis B (HBeAg). En contraposición, el riesgo de contagio del VIH por punción con una aguja contaminada es del 0,3 %.

La infección es más probable en las punciones profundas por agujas huecas contaminadas con un volumen sustancial de sangre. Si es posible se deben hacer pruebas para hepatitis B y C y para VIH en el paciente original. El virus C tiene modos de transmisión similares, pero es más probable que conduzca a hepatitis crónica. Todavía no se dispone de vacuna contra la hepatitis C. La vacuna contra la hepatitis A se puso a disposición del personal sanitario en 1995 y en la actualidad no es obligatoria.

Las normas de la OSHA imponen la vacunación obligatoria y gratuita contra la hepatitis B en los trabajadores sanitarios. Se deben documentar la negativa del individuo a recibirla y el hecho de que se le da la oportunidad de aceptarla más adelante. La serie habitual de tres inyecciones en el deltoides proporciona inmunidad en aproximadamente el 90 % de los adultos. Un título de al menos 10:1 mU se considera prueba de inmunidad. En caso de exposición de un sujeto no inmune se debe administrar al mismo tiempo inmunoglobulina contra la hepatitis B (HBG), si es posible en lugar distinto al de la vacuna. La presencia del anticuerpo core ayuda a distinguir entre una persona infectada previamente y otra inmunizada. Aunque no obligatorias, también se dispone de vacunas contra la rubéola y la varicela, enfermedades de las que pueden contagiarse los trabajadores sanitarios. Se aconseja al lector que se informe en los CDC sobre las recomendaciones más actuales.

Después de un período de controversia, la mayoría de los expertos se muestran favorables a la administración profiláctica de zidovudina (AZT). El no tomar AZT después de la exposición al VIH aumenta en seis veces el riesgo de seroconversión.28 Los inhibidores de la proteasa parecen disminuir aún más la probabilidad de contagio.29 Es probable que pronto se recomienden también esos inhibidores. Desde un punta de vista ideal, los empleados expuestos deben hacerse una prueba para VIH en el momento de la exposición para aclarar su situación basal. Como alternativa, para proteger la privacidad y la posibilidad de compensación laboral se puede tomar una muestra de sangre y congelarla. Los archivos OSHA relacionados con patógenos transmitidos por la sangre se deben conservar durante 30 años. Los incumplimientos pueden conducir a sanciones de hasta 7.000 dólares por cada incumplimiento.

Tuberculosis

Antes de la introducción de los antibióticos, la incidencia de conversión de la prueba cutánea anual para tuberculosis entre los trabajadores sanitarios era superior al 80 %. En 1994, como consecuencia del aumento de la frecuencia de casos de tuberculosis y de la aparición de bacilos tuberculosos resistentes a múltiples fármacos (BTRMF), el U.S. Department of Health and Human Services publicó sus Recomendaciones para la prevención de la transmisión de Mycobacterium tuberculosis en las instituciones de cuidados sanitarios. Esas recomendaciones exigen que las instituciones sanitarias se clasifiquen a sí mismas como con riesgo mínimo (ausencia de tuberculosis en la comunidad), bajo riesgo (menos de 6 casos de tuberculosis y ausencia de agrupaciones definidas como dos o más personas con conversión de la prueba tuberculínica en menos de 3 meses), riesgo intermedio o riesgo alto. Las recomendaciones imponen también un plan extenso para control de la tuberculosis. Según ese plan, los trabajadores tanto asalariados como voluntarios con riesgo de exposición a la tuberculosis, deben hacerse pruebas por lo menos una vez al año y emplear protección respiratoria capaz de filtrar partículas de 1 !x, para eliminar las partículas contaminadas de 1 a 5 !x. Además, las recomendaciones exigen proporcionar instrucción anual sobre epidemiología, diagnóstico y lucha contra la tuberculosis (entre otras cosas). Puesto que los trabajadores sanitarios infectados por el VIH experimentan riesgo particular de tuberculosis con evolución rápida y fatal, esas personas no deben trabajar en áreas con riesgo de contagio de tuberculosis.

Otras enfermedades

De forma irónica, en una era de “precauciones universales”, los nuevos estudios demuestran que entre el 9 % y el 17 % de los trabajadores sanitarios son alérgicos a los guantes de goma. No sólo el personal médico experimenta riesgo de enfermedades infecciosas; la tabla 45.6 enumera las enfermedades a las que están expuestas diversas clases de trabajadores.