Suicidio: causas y prevención

El suicidio durante la infancia y la adolescencia afecta a las personas jóvenes de todas las razas y de todos los grupos socioeconómicos. El número de suicidios en los adolescentes está aumentando de manera espectacular. En los jóvenes de 15 a 19 años, las tasas de suicidio se han triplicado entre 1960 y 1980.2 El suicidio es la tercera causa principal de muerte en los adolescentes y la segunda en los adultos jóvenes.2 Sólo son más frecuentes las muertes accidentales y el homicidio. Además, muchos expertos opinan que numerosas muertes “accidentales” son en realidad suicidios.21 Los varones tienden a tener un pronóstico peor que las mujeres cuando intentan suicidarse, puesto que utilizan más a menudo armas letales, sobre todo armas de fuego y métodos como el ahorcamiento. En cambio, las jóvenes intentan suicidarse con mayor frecuencia mediante la ingesta de píldoras.

Los procesos asociados al suicidio son los trastornos unipolar y bipolar, los trastornos disociales, la psicosis, el consumo de alcohol y drogas, los antecedentes familiares de suicidio y los antecedentes de malos tratos o abuso sexual. Si estos procesos coexisten, el riesgo de suicidio es mayor. El abatimiento ocasional puede ocurrir en cualquier adolescente, incluidos los que aspiran a llegar muy alto, lo que les lleva a una conducta autodestructiva. El sentimiento de “desesperación” también se relaciona con el intento de suicidio y puede presentarse incluso en ausencia de otros síntomas depresivos.22,23

Los médicos de familia no deben vacilar al preguntar a todos los adolescentes en general si tienen pensamientos suicidas. El hecho de preguntar a un adolescente sobre este tema no desencadena una conducta suicida. La mayoría de los adolescentes se sienten aliviados al comprobar que alguien se preocupa lo bastante de ellos como para preguntarles si piensan suicidarse y escuchar su súplica silenciosa pidiendo ayuda. El médico nunca debe creer que los pensamientos suicidas son poco importantes.

Para evaluar al adolescente con pensamientos suicidas hay que determinar la secuencia de sucesos que los precedieron, identificar los conflictos y problemas actuales y valorar el grado de intención suicida del paciente.2 Antes de

dejar que el adolescente abandone la consulta, el médico debe evaluar su capacidad para enfrentarse a los hechos, el acceso a los sistemas de apoyo y las actitudes del paciente y de su familia ante las medidas de intervención y seguimiento.24 Un adolescente con planes suicidas activos o que haya intentado suicidarse debe ser hospitalizado y derivado a un especialista en salud mental. Un ingreso hospitalario breve permite realizar una evaluación médica y psicológica del paciente e iniciar el tratamiento lo antes posible.