Síndrome del corazón del deportista: tratamiento, causas, síntomas, diagnóstico y prevención

El síndrome del corazón del deportista comprende una amplia gama de variantes clínicas de la estructura y la función cardíacas observadas en personas que realizan actividad física.22 Aunque en un principio se pensaba que estas variaciones eran debidas a una cardiopatía asociada a un “ejercicio físico excesivo”, hoy día se considera que son la respuesta fisiológica normal al entrenamiento físico.

Las variaciones estructurales y anatómicas que aparecen en el corazón de las personas sometidas a un entrenamiento deportivo mantenido son el aumento de la masa ventricular izquierda (cerca de un 45 % superior a los controles), el aumento del grosor de la pared ventricular izquierda (un 15-20 % más gruesa) y un aumento del 10 % del volumen telediastólico ventricular izquierdo. Desde el punto de vista funcional, el corazón se adapta al entrenamiento físico mediante la bradicardia. Aunque la causa de esta bradicardia no está clara, al parecer no se debe sólo a una hipertonía vagal.

Para el médico de familia, lo esencial es saber que estas variaciones fisiológicas son una adaptación normal al trabajo en personas que realizan ejercicio físico y que no deben considerarse como patológicas. Son numerosas las consecuencias de realizar un estudio cardiovascular agresivo en un deportista sano, como el trastorno emocional que para él representa, el coste de exploraciones cardiovasculares muchas veces invasivas y las consecuencias mismas del estudio, por ejemplo etiquetar a un deportista sano como “cardiópata” y modificar un estilo de vida activo en otro sedentario.

Tanto en deportistas como en personas que no lo son, la presencia de síntomas atribuibles a una cardiopatía obliga a buscar una causa. Por el contrario, si no existen síntomas atribuibles a una cardiopatía, la presencia de signos físicos compatibles con el síndrome del corazón del deportista no exige por lo general un estudio posterior. Aparte de la exploración habitual por sistemas, al hacer la historia clínica a un deportista hay que preguntarle sobre antecedentes familiares de muerte súbita y sobre antecedentes personales de síncope o de “soplos”. Esta información resulta especialmente útil para detectar en un deportista una posible cardiopatía y para valorar si existe un aumento del riesgo cuando realiza ejercicio físico o si con el tiempo puede presentar patologías importantes de origen inexplicado.

En los deportistas, además de la bradicardia (frecuencia de 30-60 lat/min), es normal auscultar un desdoblamiento fisiológico del segundo ruido. A consecuencia del llenado rápido del ventrículo izquierdo también puede auscultarse un tercer ruido, así como un cuarto, aunque más raras veces. En el 30 %-50 % de los deportistas también se ausculta un soplo sistólico, que habitualmente se modifica con los cambios posturales y suele ser protosistólico o mesosistólico. Si se ausculta un soplo holosistólico, telesis-tólico o diastólico, hay que solicitar siempre un ecocardio-grama para descartar una cardiopatía. El soplo de la hipertrofia septal asimétrica aumenta clásicamente de intensidad cuando el paciente está en bipedestación o realiza la maniobra de Valsalva, mientras que los soplos por aumento del flujo suelen disminuir de intensidad tras estos cambios posturales.23

El electrocardiograma (ECG) de 12 derivaciones en reposo del deportista con un síndrome del corazón del deportista, suele ser anormal. Las alteraciones pueden clasificarse en tres grupos generales.

1. Alteraciones de la repolarización. Se manifiestan en forma de elevación, depresión, inversión o descenso precoz de la onda T. Estas variaciones son las que plantean más problemas al médico, ya que debe decidir si son normales o si son signos de una cardiopatía. Se considera que es benigna la repolarización precoz, definida como una elevación del segmento ST superior a 0,5 mm en dos derivaciones consecutivas (con frecuencia en las precordiales). Por el contrario, la inversión profunda de la onda T en las derivaciones precordiales laterales, asociada a una onda T simétrica, depresión del segmento ST, ausencia de una onda septal normal Q o un intervalo QT anormal, pueden ser signos de cardiopatía y exigen un seguimiento con realización de pruebas de esfuerzo.

2. Bradicardia. La asociación de bradicardia al síndrome del corazón del deportista es casi siempre benigna.22 El hallazgo más frecuente es la bradicardia sinusal, asociada a menudo con arritmia sinusal. Cuando la frecuencia cardíaca es inferior a 50 latidos/minuto, no es raro encontrar un bloqueo auriculoventricular (AV) de segundo grado (tipo Mobitz I). También puede existir un bloqueo AV de primer grado como consecuencia de un retraso de la conducción AV. Así mismo, en ocasiones se observan latidos o ritmos de escape de la unión AV. La taquicardia supraventricular o la taquicardia ventricular no suelen asociarse al síndrome del corazón del deportista y, ante su hallazgo, hay que estudiarlas en profundidad. Otros hallazgos que merecen un estudio posterior son: a) bradicardia o bloqueo AV en una persona que no realiza un entrenamiento intenso; b) pausas sinusales de más de 3 segundos de duración; c) bloqueo cardíaco completo, y d) síncope (o presíncope) en reposo o tras un ejercicio físico intenso.

3. Hipertrofia cardíaca. En el ECG de 12 derivaciones del deportista con un síndrome del corazón del deportista suelen encontrarse signos de hipertrofia cardíaca. Un aumento de la amplitud del complejo QRS indica hipertrofia ventricular izquierda. El aumento de la amplitud de la onda P, con muescas o sin ellas, sugiere una hipertrofia auricular bilateral.

Probablemente, la decisión clínica más importante que debe tomarse durante la valoración de un deportista es la diferenciación del síndrome del corazón del deportista y la miocardiopatía hipertrófica. Para ello, son fundamentales los antecedentes familiares y personales del paciente y la exploración cardíaca. Una buena pista para el médico de familia es recordar que, en el síndrome del corazón del deportista, el aspecto clave es la ausencia de síntomas cardíacos (mareos o vértigos, síncope, palpitaciones, dolor torácico) y la ausencia de antecedentes familiares de muerte súbita o miocardiopatía hipertrófica. Por el contrario, la presencia de estos síntomas exige realizar un seguimiento estrecho del paciente o derivarlo al especialista. La persona asintomática con alteraciones en la exploración física y signos en el ECG asociados al ejercicio físico, puede seguirse realizando más estudios o simplemente mediante vigilancia. El hallazgo de un soplo sistólico que aumenta de intensidad al realizar la maniobra de Valsalva o en bipedes-tación, es sugestivo de miocardiopatía hipertrófica. Si los

datos clínicos lo sugieren, para diagnosticarla resulta útil solicitar un ecocardiograma.