Sarcoidosis pulmonar: tratamiento, causas, síntomas, diagnóstico y prevención

La sarcoidosis es una enfermedad granulomatosa multisis-témica de etiología desconocida que afecta a todas las razas y edades, sobre todo a las mujeres de raza negra de 20 a 40 años. La lesión pulmonar supone el trastorno clínico más común y es la causa del mayor porcentaje de la morbimor-talidad. Se forman granulomas en los alvéolos, bronquios y vasos pulmonares, que deterioran la función pulmonar.

Los síntomas más frecuentes consisten en disnea y tos. Al principio, algunos enfermos padecen síntomas no pulmonares del tipo de: fiebre, artralgias, malestar general y eritema nudoso. Sin embargo, muchos enfermos con sarcoidosis se encuentran asintomáticos y el diagnóstico se establece por las anomalías en la radiografía de tórax, practicada por un motivo diferente.45 Los hallazgos más comunes en la radiografía comprenden una linfadenopatía hiliar bilateral e infiltrados difusos. El 95 % o más de los enfermos sufre alguna alteración en la radiografía de tórax. En general, la capacidad de difusión y la capacidad vital se encuentran reducidas.

Conviene separar la sarcoidosis pulmonar de otras enfermedades granulomatosas e infiltrativas de los pulmones con una presentación clínica idéntica. La modalidad diagnóstica más útil es la broncoscopia con biopsia transbron-quial del pulmón.46 Los niveles séricos de la enzima con-versora de la angiotensina están elevados en el 80 % de los pacientes con sarcoidosis, hallazgo de laboratorio que puede contribuir al diagnóstico.47

El curso de la sarcoidosis es variable; algunos pacientes experimentan una resolución de todos los síntomas mientras que otros padecen una enfermedad lentamente progresiva. Los corticoides alivian los síntomas pero no alteran la historia natural de la enfermedad. Por tal motivo este tratamiento se reserva habitualmente para los pacientes con empeoramiento de los síntomas o enfermedad pulmonar o extrapulmonar muy grave. El tratamiento habitual de la sarcoidosis sintomática se basa en 40 a 60 mg/día de prednisona, que debe reducirse paulatinamente en varios

meses. Se puede mantener al enfermo con dosis más bajas; una dosis bastante común es 10 a 20 mg/día o en días alternos durante períodos de hasta un año. Por desgracia, hasta dos tercios de los enfermos recaen cuando se suspende el tratamiento.