Rabietas en el niño: tratamiento, causas, síntomas, diagnóstico y prevención

Las rabietas son un problema muy frecuente en los niños de 2-6 años. La llamada “edad terrible de los 2 años” podría describirse mejor como “la edad de prueba de los 2 años”, ya que es la que da paso a la autonomía característica de los niños de 3 años. Es importante que estas fases del desarrollo de la conducta las resistan tanto el niño como sus padres. Éstos han de saber que las rabietas no son una mala conducta deliberada, sino un modo del niño para probar hasta qué límites puede llegar. Los niños deben recibir normas y disciplina, pero al mismo tiempo los padres han de evitar los actos emocionalmente degradantes y los castigos físicos duros. Raras veces se les enseñan a los padres los métodos formales para educar a sus hijos, sino que a menudo sus técnicas se basan en lo que recuerdan de cuando ellos eran pequeños. La consulta del médico de familia es un lugar que a menudo permite la observación directa de una disciplina mal aplicada por parte de los padres. Por supuesto, el objetivo de los padres es cambiar el comportamiento del niño, lo que debe hacerse explicándoles qué es la modificación de la conducta en unos términos que puedan entender. El aspecto más importante que deben recordar es el de la perseverancia, fijando y manteniendo unos límites al niño y actuando en consecuencia cuando aparezca una conducta inade-cuada.2

Las rabietas suelen ser una respuesta del niño cuando no se sale con la suya en un momento determinado y pueden empeorar si tiene sueño o está enfermo. Aunque las

rabietas son muy molestas sobre todo si ocurren en lugares públicos, es precisamente en estos momentos cuando deben de mostrar una mayor perseverancia. Una elección es ignorar al niño hasta que se le haya pasado. A los niños pequeños puede abrazárseles con firmeza para evitar que se hagan daño sin querer. Las rabietas son también un momento oportuno para usar el tiempo de exclusión, un minuto por cada año de edad del niño. Éste sabe entonces que debe calmarse antes de que el cronómetro se pare y que si no lo hace habrá otro tiempo de exclusión. Cuando la rabieta ha pasado, puede hablarse con el niño para decirle lo que no ha funcionado bien, lo que debe hacer de forma distinta en el futuro y cómo aprender a autocontro-larse.