Preocupaciones especiales relacionadas con la sexualidad de los adolescentes

Homosexuales y lesbianas

Los jóvenes manifiestan a menudo sus primeras preocupaciones sobre la orientación sexual durante la adolescencia. Éstas pueden iniciarse a partir de las bromas o motes que les ponen sus compañeros, de sus propias preocupaciones respecto a la atracción emocional o física hacia una persona del mismo sexo, de las interpretaciones equivocadas de los padres u otros adultos sobre sus conductas o amistades, o de proposiciones directas por parte de otras personas. Los estudios transculturales indican que al menos del 4 al

6 % de todas las personas de muchas culturas occidentales se autoidentifican como homosexuales o lesbianas o reconocen haber tenido relaciones de este tipo en el pasado.19

Un importante aspecto del desarrollo de muchos adolescentes son las preocupaciones por las relaciones y la aceptación de sus compañeros. Por lo tanto, el conocimiento de un nexo emocional o sexual con una persona del mismo sexo suscita inmediatamente en ellos vergüenza y miedos por el hecho de ser diferente y sufrir un rechazo por parte de sus compañeros, de los padres y otros adultos, y confusiones sobre si pueden hablar o no con tranquilidad

del tema con alguna persona. Los adolescentes que se identifican a sí mismos como homosexuales o lesbianas pagan un alto tributo, sobre todo por el rechazo social secundario. En los jóvenes homosexuales, los intentos de suicidios son de dos a tres veces más frecuentes que en los heterose-xuales.20 En la ciudad de Nueva York el 40-50 % de los adolescentes sin casa son homosexuales o lesbianas; así mismo, la incidencia de “tener que sobrevivir por el sexo”, sobre todo con compañeros varones de mayor edad, es elevada tanto en los adolescentes homosexuales como en las lesbianas que viven en la calle.21 Por lo tanto, el hecho de descubrir la orientación sexual no representa simplemente una decisión discrecional que puede tomarse o no, sino que constituye la mayoría de las veces un asunto de supervivencia para los adolescentes que descubren que son homosexuales o lesbianas.

El profesional de atención primaria puede desempeñar un papel fundamental para ayudar a los jóvenes que se enfrentan a este problema. Para tratar del tema en el ámbito sanitario basta con preguntar cuestiones indefinidas sobre posibles sentimientos o relaciones que la persona joven tenga con otra del mismo sexo. En este grupo de edad, prestar ayuda e informar sobre las prácticas sexuales seguras, el modo de revelar sus inclinaciones sexuales a los familiares y amigos y saber dominar el sentido del ridículo y el rechazo de los compañeros son aspectos que, tratados convenientemente en una conversación, pueden salvar la vida del adolescente. El profesional debe recordar siempre que su actividad fundamental es ayudar a que la persona

joven proteja su salud y no realizar juicios morales sobre la aceptabilidad de las preocupaciones sobre su inclinación sexual.

Además, el médico de familia desempeña también un papel importante en el asesoramiento de los padres de los homosexuales y lesbianas que han “abandonado” el domicilio familiar. Muchas de las preocupaciones y reacciones de los padres son similares a las de sus hijos: vergüenza, confusión, sentimiento de culpa y miedos sobre las consecuencias a largo plazo para la salud de su hijo o hija. La PFLAG es una organización para los padres y amigos de los homosexuales y lesbianas para prestarles apoyo, información y con frecuencia suele ser de ayuda para las familias que se enfrentan a estos problemas. También existe una bibliografía muy útil sobre el tema (v. Apéndice B, al final de este capítulo).

Jóvenes sin casa

En 1992, en EE.UU. había 1,5 millones de jóvenes que vivían en la calle.22 En esta población, una de sus principales preocupaciones es la de poder cubrir sus necesidades de casa y comida y para conseguirlo suelen verse forzados a practicar conductas que pueden poner en peligro su salud. Tales conductas son de dos tipos: prestar favores sexuales a cambio de dinero y venta de drogas. En los chicos o chicas adolescentes sin casa, las consecuencias de la práctica de sexo a cambio de dinero, habitualmente con adultos de mayor edad, van desde situaciones que amena-

zan su vida (como la infección por el VIH y la violencia) hasta el suicidio. Los jóvenes que viven estas situaciones no son capaces de establecer unos límites o siquiera de descubrir por sí mismos qué es lo que necesitan o desean en sus relaciones íntimas sanas.

Jóvenes con incapacidades

Con frecuencia tanto la sociedad como los mismos profesionales sanitarios consideran a los jóvenes con una incapacidad cognitiva, física o emocional como “gente sin sexo”. Así, en estos jóvenes se ignoran o evitan las conversaciones sobre la sexualidad. El sentimiento de “ser diferentes” de estos jóvenes aumenta y complica la actividad del desarrollo apropiada para alcanzar una vida social adulta y unas relaciones íntimas normales. Los jóvenes con incapacidades necesitan particularmente un asesoramiento correcto sobre su cuerpo, que se les tranquilice acerca de su carácter atractivo como personas, conversar con ellos sobre las formas de hacer frente a la crueldad de otras personas e informarles sobre qué funciones sexuales se encuentran alteradas por su incapacidad en concreto. En esta población, la vigilancia del profesional sanitario implica la realización de una evaluación meticulosa para valorar el riesgo de abuso sexual o la probabilidad de que un adolescente concreto sea vulnerable a malos tratos sexuales; sólo así podrá tranquilizarse al adolescente y hacerle entender que, como compañero sexual, es tan aceptable y atractivo como otra persona cualquiera.