Pericarditis: tratamiento, causas, síntomas, diagnóstico y prevención

La pericarditis es la inflamación del pericardio parietal y visceral. Las causas de pericarditis incluyen la infección (con mayor frecuencia los agentes víricos), los estados posteriores a una lesión cardíaca, las enfermedades vasculares del colágeno, la uremia, los tumores, el mixedema, la irradiación y los fármacos como la isoniacida, la procainamida y la hidralacina.6

La pericarditis puede aparecer de forma aguda o crónica, siendo ambos problemas bastante distintos. La pericarditis aguda siempre debe tenerse en cuenta cuando se evalúa a un paciente con dolor torácico.7 La molestia retro-esternal que empeora al acostarse, al respirar profundamente, al tragar o con el movimiento es característica de la pericarditis. Puede existir un dolor retroesternal intenso o un dolor que se irradia hacia el cuello o los brazos. El dolor se alivia en general al adoptar una posición inclinada hacia delante o al sentarse. El cansancio es la forma de presentación de la pericarditis crónica secundaria a la insuficiencia cardíaca congestiva progresiva provocada por la constricción.8

El diagnóstico de pericarditis se basa en la sospecha clínica (es decir, en la presencia de un dolor torácico anterior intenso, en la leucocitosis, en un roce pericárdico y en una elevación difusa del segmento ST). El procedimiento diagnóstico más avanzado incluye la práctica de una eco-cardiografía para descartar la existencia de un derrame pericárdico. La pericardiocentesis da salida a sangre que no coagula. El líquido debería ser enviado también al laboratorio para la práctica de cultivos y antibiogramas, recuento de células y estudio de virus.

Dado que el dolor torácico es uno de los síntomas más difíciles de diagnosticar correctamente, el diagnóstico diferencial de la pericarditis es muy amplio. Se debe excluir siempre el infarto agudo de miocardio (IAM), la angina inestable, el embolismo pulmonar, la disección aórtica, la afectación del mediastino (p. ej., a consecuencia de un traumatismo o de una infección) o de los diagnósticos gastrointestinales o respiratorios más benignos. Los médicos deben tener en cuenta que, aunque el electrocardiograma (ECG), la radiografía de tórax, los análisis de gases en sangre arterial y el ecocardiograma son importantes y se practican a menudo durante las labores de diagnóstico de un dolor torácico, ninguna prueba o grupo de pruebas están exentas de posibilidad de error.

Tratamiento

Las causas primarias específicas (p. ej., infección e irradiación) y las causas secundarias (mixedema y enfermedad vascular del colágeno) deberían ser tratadas de forma adecuada. Además, la administración de fármacos antiinflamatorios no esteroideos (AINE) (fundamentalmente in-dometacina, 50-100 mg/día en dosis divididas) o de corti-coides (es decir, prednisona 30-60/día en dosis divididas) alivian con frecuencia las molestias del paciente en un plazo de 24 a 48 horas.

Prevención

Dado que la mayoría de las pericarditis se deben a un agente vírico, su prevención es difícil. Resulta beneficioso mantener un alto grado de sospecha al estudiar las situaciones (p. ej., uremia, determinados fármacos, tumores) que presentan pericarditis como complicación.

Aspectos familiares y comunitarios

Se han descrito epidemias de miopericarditis.7 El seguimiento de dichas epidemias mediante medidas sanitarias preventivas adecuadas puede llevar a una reducción global de la difusión de la enfermedad.