Parálisis de Bell: tratamiento, causas, síntomas, diagnóstico y prevención

La parálisis de Bell (parálisis facial idiopática) es un trastorno relativamente frecuente que se caracteriza por la aparición brusca de una parálisis aislada del nervio facial. Su causa es desconocida, aunque se supone que es inflamatoria. La parálisis de Bell puede aparecer a cualquier edad.

Los síntomas se presentan durante la noche y el paciente percibe la parálisis al levantarse; en algunos casos los síntomas evolucionan a lo largo de varios días. La mayoría de los pacientes recuerda haber estado sentado en una corriente de aire o haber sufrido previamente una enfermedad vírica.

El grado de afectación es muy variable y oscila desde una debilidad leve y un retraso en el parpadeo hasta una parálisis facial unilateral completa, con incapacidad para cerrar el ojo. Aunque no existen signos objetivos de pérdida sensitiva, los pacientes pueden referir unas molestias vagas o dolor detrás del oído o alrededor de la mandíbula. Las lesiones que afectan a las ramas más proximales del nervio facial pueden provocar hiperacusia y pérdida del sentido del gusto, aunque esto último es difícil de comprobar. La parálisis de Bell afecta a los músculos de la frente; la ausencia de afectación a este nivel indica que se trata de una lesión situada en el sistema nervioso central (SNC). La sensibilidad corneal habitualmente está intacta aunque el paciente tenga dificultad o una incapacidad completa para parpadear o cerrar el ojo. En la mejilla del lado afectado pueden quedar almacenados restos de comida.

La parálisis bilateral de Bell es poco frecuente; cuando se produce, puede estar asociada a la fase diseminada precoz de la enfermedad de Lyme3. El síndrome de Guillain-Barré, la sarcoidosis y la neuropatía diabética también pueden iniciarse con una parálisis facial.

El pronóstico de la parálisis de Bell, con o sin tratamiento específico, es excelente; casi todos los pacientes se recuperan de manera espontánea al cabo de 1-3 semanas. Alrededor del 15 % presenta cierto grado de debilidad residual durante varios meses o incluso de forma permanente, sobre todo los pacientes ancianos o los que han tenido una afectación más grave.

El riesgo principal de la parálisis de Bell es la afectación corneal; la atención ocular cuidadosa es de vital importancia. El ojo debe mantenerse húmedo y lubricado con una pomada oftálmica o con lágrimas artificiales. Resulta útil proteger el ojo con un parche ocular o cerrar los párpados con un esparadrapo, sobre todo durante la noche. La utilización de corticoides es un tema controvertido, aunque muchos médicos han observado que un tratamiento corto, de 10 días, con dosis decrecientes de predni-sona resulta útil sobre todo si se inicia en los dos o tres primeros días.