Nutrición de el anciano

Existen pocos datos acerca de las necesidades nutricionales de los ancianos. Igualmente, tampoco está claro el efecto de la nutrición sobre el proceso del envejecimiento humano. Sin embargo, un mal estado nutricional contribuye a aumentar la morbididad de enfermedades crónicas y a empeorar el pronóstico del anciano que enferma. En los ancianos la anomalía más frecuente de la nutrición es la mal-nutrición proteicocalórica. En un estudio, los ancianos hospitalizados mostraban una prevalencia del 44 % de malnutrición proteicocalórica (definida según el cociente talla/peso y el nivel de albúmina en suero).17

Son muchos los factores que aumentan el riesgo de malnutrición en los ancianos. La disminución de los sentidos del gusto y el olfato es propia del envejecimiento y reduce el placer de la comida. La mala dentición o las dentaduras postizas mal ajustadas pueden ocasionar dificultades para la masticación. Los trastornos de la deglución son más frecuentes en los ancianos y la motilidad gastrointestinal disminuye a medida que aumenta la edad. Otros factores

de riesgo de la malnutrición son la depresión, la pobreza, el aislamiento social, algunos fármacos y la demencia. También procesos como las úlceras por decúbito, las infecciones crónicas, la malabsorción, la sepsis, las neoplasias malignas y el alcoholismo pueden aumentar las demandas metabó-licas y producir malnutrición.

Evaluación nutricional

La clave de la evaluación de la malnutrición en el anciano es tener un alto grado de sospecha clínica. Hay que interrogar al paciente acerca de síntomas como náuseas, vómitos, anorexia, dificultades para deglutir y dolor abdominal. También hay que preguntarle si toma fármacos nuevos, si le han diagnosticado alguna otra enfermedad y conocer los factores sociales en que vive. Debe conseguirse una historia precisa del peso, expresando su pérdida como porcentaje del peso habitual del paciente. Por lo general una pérdida de peso superior al 10 % del habitual señala malnutrición intensa.

A veces resulta difícil identificar los signos físicos de malnutrición en los ancianos. En la evaluación inicial pueden ser útiles medidas antropométricas, como el peso, la talla y el pliegue cutáneo. Para la evaluación bioquímica del estado nutricional es importante conocer el recuento total de linfocitos, la hemoglobina, la albúmina sérica y los niveles de colesterol. Cuanto más anormales sean los resultados, mayor es el grado de malnutrición del paciente. La Nutrition Screening Initiative (NSI) se centró en la necesidad por parte de los médicos de atención primaria de considerar los aspectos nutricionales de la asistencia sanita-ria.18 La NSI desarrolló un método de cribado útil para la evaluación del riesgo de malnutrición.

Tratamiento

El tratamiento de la malnutrición debe comenzar mientras aún se busca el origen de las pérdidas de nutrientes y los procesos que aumentan las necesidades metabólicas del paciente. Además, los suplementos nutricionales deben iniciarse precozmente en los pacientes con riesgo aumentado de malnutrición. En los ancianos que no presentan estrés son necesarias alrededor de 22 a 25 kcal/kg de peso corporal. Si presentan una situación de estrés grave, las necesidades aumentan a 30 kcal/kg.

Lo mejor son los suplementos por vía oral. El objetivo del tratamiento es establecer los tipos de alimentos más adecuados para el paciente y mantener una dieta estable con el fin de mejorar su estado nutricional. La adición de suplementos en forma de alimentos líquidos también mejora el estado nutricional. Cuando el paciente rehúsa el tratamiento o es incapaz de deglutir, hay que realizar la alimentación enteral mediante una sonda nasogástrica de calibre pequeño o con una sonda de gastrostomía/yeyunos-tomía. La decisión sobre el método que debe utilizarse depende de las preferencias del paciente, del tiempo que se prevé será necesario adoptar estas medidas y de la tolerancia a cada método. La alimentación puede realizarse de manera continuada o en forma de bolos intermitentes de comida. Ambos métodos implican el riesgo de aspiración.

En el paciente alimentado con una sonda de gastros-tomía/yeyunostomía una complicación frecuente es la diarrea.

La nutrición parenteral total (NPT) está indicada en el anciano cuando su intestino está invalidado para poder administrarle los nutrientes. Aunque en los ancianos son más probables las complicaciones, si el ámbito clínico es adecuado ello no debe impedir el uso de la NPT cuando sea necesario. Al igual que en los pacientes más jóvenes, la NPT exige un control meticuloso de los electrólitos, la glucosa y la función renal.