Neumonías atípicas: Mycoplasma y Chlamydia. Tratamiento, causas, síntomas, diagnóstico y prevención

En la actualidad se han identificado numerosas causas de un síndrome neumónico atípico, entre las que se incluyen Mycoplasma, tres tipos de Chlamydia, Coxiella burnetii (la causa de la fiebre Q) y numerosos virus. En el niño y el adulto joven sin trastornos médicos subyacentes es más probable que la neumonía se deba a los patógenos atípicos que a los típicos.13,14

El Mycoplasma pneumoniae es responsable del 10-35 % de las neumonías extrahospitalarias, debidas a una clase de formas bacterianas L, los microorganismos más pequeños de vida libre. La infección es endémica en los seres humanos, aunque las epidemias aparecen con una frecuencia de 3-7 años.

El género bacteriano Chlamydia contiene tres especies que infectan al hombre: C. trachomatis, C. psittaci y C. pneumoniae. Esta última fue identificada por primera vez como una causa de neumonía en estudiantes de secundaria en la mitad de la década de los años 80. Aunque no se comenta con detalle en este capítulo, los lactantes nacidos de mujeres con infección genitourinaria por C. trachomatis tienen un riesgo de neumonía del 10-20 %. La infección por C. pneumoniae se considera en la actualidad universal; del 25 al 50 % de los adultos presentan anticuerpos.15 Por lo tanto, es probable que exista una infección subclínica.

Síntomas

Las infecciones por Mycoplasma pneumoniae y C. pneumoniae presentan manifestaciones subagudas similares e ines-pecíficas. Las infecciones por M. pneumoniae suelen iniciarse con una tos seca, cefalea, mialgias, malestar general y febrícula. Las infecciones por C. pneumoniae presentan síntomas similares, aunque las manifestaciones respiratorias de faringitis y laringitis son más acusadas. La faringitis puede ser intensa y confundirse con una enfermedad estrepto-cócica. La disnea y el dolor pleurítico son raros en ambas infecciones. La diarrea aparece a menudo en la neumonía por M. pneumoniae, al igual que el exantema maculopapu-lar. El M. pneumoniae puede, en raras ocasiones, ocasionar una miringitis bullosa (este dato sugiere el diagnóstico). Las complicaciones extrapulmonares menos comunes de la infección por M. pneumoniae comprenden la hepatitis, la pericarditis, la hemólisis, el eritema multiforme y las anomalías neurológicas del tipo de meningitis aséptica, mielitis transversa o quizá síndrome de Guillain-Barré.16 La auscultación pulmonar en los enfermos con neumonía por Chlamydia o Mycoplasma suele resultar menos llamativa que las imágenes de la radiografía de tórax. Son frecuentes los crepitantes (estertores), pero suelen faltar los signos físicos de consolidación.

Diagnóstico

Las pruebas de laboratorio habituales son inespecíficas. El recuento de leucocitos suele ser normal. En la infección

por Mycoplasma pueden aparecer numerosas anomalías serológicas, como factor reumatoideo y pruebas seroló-gicas de sífilis falsamente positivas. El dato de laboratorio más frecuente en los pacientes con neumonía por Mycoplasma es una prueba de crioaglutininas positiva (> 75 %). Sin embargo, esta prueba presenta muchos falsos positivos y las crioaglutininas se observan hasta en el 25 % de las neumonías víricas.

La radiografía de tórax no es diagnóstica. A menudo los infiltrados son segmentarios, aunque pueden ser unilaterales o bilaterales, intersticiales o densos. Rara vez se observa la presencia de derrames pleurales. Como en otras neumonías, la resolución de los infiltrados puede durar hasta 2 meses. Los cultivos de esputo resultan complicados, pero pueden llevarse a cabo; el microorganismo se identifica mediante PCR; por tal motivo se utilizan las pruebas serológicas para el diagnóstico. La cuadruplicación de los títulos específicos de fijación del complemento en muestras pareadas, obtenidas con un intervalo de 4 semanas o un título aislado de inmuno-globulina M (IgM) mayor de 1:10 se consideran diagnósticos de neumonía por Mycoplasma pneumoniae.17 Asimismo se considera que la cuadruplicación de los títulos específicos de complemento resulta diagnóstica de neumonía por Chlamydia pneumoniae. Puesto que no se dispone de los resultados de estas pruebas cuando se toman las decisiones terapéuticas, se utilizan principalmente en los pacientes hospitalizados o en estudios epidemiológicos.

Tratamiento

El tratamiento antibiótico es similar en ambas neumonías (otro motivo por el cual las pruebas de laboratorio no son tan importantes para distinguirlas). La eritromicina, azi-tromicina, claritromicina, diritromicina, tetraciclina y do-xiciclina son los fármacos de elección.18 El ofloxacino (una fluoroquinolona) también resulta eficaz. El tratamiento debería continuar durante una semana después de la defervescencia o como mínimo 2 semanas. Las recidivas obligan muchas veces a repetir el tratamiento. Es importante recordar que no se debe administrar tetraciclina o doxici-clina a mujeres embarazadas.

Aspectos preventivos y familiares

Como ambos microorganismos son capaces de diseminarse mediante gotitas, es importante indagar sobre la presencia de síntomas en los demás miembros de la familia y recomendar medidas de higiene respiratoria (taparse la boca al toser). El período de incubación de las dos infecciones dura de 2 a 4 semanas. En las poblaciones de alto riesgo, como en los centros de enseñanza media y acuartelamientos militares, la prevención es imposible. Se desconoce la utilidad de la profilaxis antimicrobiana cuando se inicia un brote. Esperamos que, cuando se conozcan mejor la etiología, la transmisión y el diagnóstico de estas enfermedades, se desarrollen estrategias preventivas.