Mastitis y absceso de mama: tratamiento, causas, síntomas, diagnóstico y prevención

La mastitis y los abscesos mamarios tienen lugar prácticamente siempre en mujeres lactantes o con historia de mordedura o traumatismo penetrante. Son más comunes en las mujeres primíparas. La ingurgitación de la mama suele comenzar el segundo o el tercer día después del parto. La mastitis se presenta una semana o más después de dar a luz. En general sólo se afecta una mama y el dolor es entre moderado e intenso. En los casos típicos, sólo un cuadrante o lóbulo aparece doloroso, enrojecido, tumefacto y caliente. Pueden existir adenopatías axilares, drenaje purulento, fiebre y leucocitosis. Los cultivos de la leche no son útiles en general.

Los gérmenes causales típicos son Staphylococcus aureus y estreptococos. El tratamiento para las infecciones leves incluye compresas locales y antibióticos orales, teniendo en cuenta la resistencia a la penicilina. También se deben tener en cuenta las necesidades del lactante. Muchas veces se emplea la dicloxacilina, 500 mg por vía oral cada 6 horas, o la eritromicina, 500 mg por vía oral cada 6 horas, durante por lo menos 10 días. Las compresas calientes pueden aliviar la congestión y las molestias. Es necesario evaluar la evolución al cabo de 48-72 horas.

Si la mujer desea seguir dando el pecho, es posible continuar la lactancia con la mama afecta. El lactante no experimenta riesgo de infección. Si la paciente desea interrumpir la lactancia, deben utilizarse vendaje de las mamas, bolsas de hielo, restricción de la estimulación mamaria y analgésicos. No está justificada la supresión farmacológica de la lactancia. El edema con fóvea sobre un área de inflamación y fluctuación sugiere el desarrollo de un absceso.

En las pacientes con absceso grave o infección profunda que no responden al tratamiento conservador se debe proceder al drenaje y el cultivo. Se interrumpirá la lactancia y se administrarán antibióticos parenterales durante 2 o

3 días, seguidos por antibióticos orales. Si los síntomas son sugestivos de infección pero el cuadro clínico resulta atípico, o si la paciente no mejora como era de esperar con antibióticos, se debe descartar la presencia de cáncer subyacente mediante biopsia de las áreas induradas.