Líquidos y electrólitos en los deportistas

Una ingesta adecuada de líquidos es fundamental para la salud de todos los seres humanos, no sólo de las personas que realizan ejercicio. Sin embargo, en los deportistas la depleción de líquidos afecta negativamente su rendimiento y capacidad de trabajo. Pueden acelerar la pérdida normal de agua del organismo humano tanto el ejercicio físico como el incremento de la temperatura ambiental y la humedad. Mientras se realiza una actividad física, el aspecto más importante es suministrar al organismo una cantidad de agua similar a la que pierde. Por desgracia, la sensación de sed es un síntoma subjetivo poco fiable para reponer el agua necesaria durante una pérdida aguda de líquidos.37 A pesar de disponer de una cantidad adecuada de líquidos, mientras se efectúa un ejercicio físico es frecuente que ocurra una deshidratación de hasta un 2 %-8 % del peso corporal total hasta que aparece la sensación subjetiva de sed. Un obstáculo que debe tenerse muy presente en el proceso de la rehidratación, es que una deshidratación de aproximadamente el 5 % del peso corporal retrasa el vaciado gástrico de líquidos en un 20 %-25 %.38

Trastornos por calor

Los efectos adversos de la deshidratación no consisten tan sólo en una disminución del rendimiento de los deportistas. Desde el punto de vista clínico, en los trastornos producidos por el calor, también desempeñan su papel la cantidad de líquido perdido y la velocidad con que ha tenido lugar, la temperatura ambiental, la altitud y la humedad. Los trastornos por calor pueden dividirse en varios tipos. Los calambres por calor consisten en espasmos de los músculos de las piernas, los brazos y la pared abdominal. Aparecen clásicamente varias horas después del ejercicio físico, cuando el deportista ya se ha “enfriado”. Aunque no se conoce bien su mecanismo exacto de producción, en un estudio descriptivo estos calambres se asociaron a una disminución de los niveles séricos de magnesio.39 Convencionalmente se dice que los calambres se asocian tanto a la deshidratación como a la depleción de sodio. En la actualidad, raramente se utilizan ya tabletas de sal para tratar este trastorno.

El síncope por calor consiste en una pérdida brusca de la consciencia, que se observa en las personas deshidratadas que pasan del decúbito supino o la sedestación a la bi-pedestación.40 Se cree que es un fenómeno vasovagal que aparece como consecuencia de un encharcamiento de sangre venosa en unas venas periféricas dilatadas. Así, disminuyen la precarga y el gasto cardíaco y la alteración de la perfusión cerebral originaría el síncope. Este trastorno debe diferenciarse del síncope cardíaco, un problema mucho más complejo que se estudia en otro lugar de la obra. El tratamiento del síncope por calor consiste en la rehidra-tación, por lo general por vía oral. Cuando un deportista presenta ortostatismo sintomático con síncope o presínco-pe, lo más prudente es retirarlo de la competición para realizar un estudio y evitar una mayor pérdida de líquidos.

Agotamiento por calor

El agotamiento por calor hace referencia a una forma más grave de trastorno por calor que los calambres o el síncope, aunque en este trastorno también pueden coexistir. Los aspectos clave del agotamiento por calor son la fatiga intensa, la debilidad y la disminución de la energía. El agotamiento por calor suele ocurrir cuando la hipohidratación ha entrado en la fase de deshidratación y existe una alteración de los mecanismos normales del organismo para eliminar el calor. En este trastorno, el volumen plasmático y el flujo sanguíneo son dirigidos fisiológicamente en dos direcciones diferentes. Por un lado, el flujo sanguíneo ha de dirigirse hacia el músculo esquelético para satisfacer las demandas metabólicas y de oxígeno producidas por el ejercicio; sin embargo, al mismo tiempo resulta necesaria una termorregulación, lo que hace que el flujo sanguíneo sea desviado hacia la piel para eliminar el calor también producido por el ejercicio. Rowell41 observó que, ante este desequilibrio, lo que acostumbraba a suceder era que, a expensas de la termorregulación, se conservaba la perfusión de los órganos vitales. Los síntomas y signos acompañantes pueden ser taquicardia, sed e incremento de la temperatura central. El agotamiento por calor se diferencia del golpe de calor porque sorprendentemente no cursa con síntomas o signos neurológicos. El tratamiento básico del agotamiento por calor consiste en la rehidratación, retirar al deportista de la competición, situarlo en un ambiente frío y valorar la necesidad de derivarlo a un servicio de urgencias hospitalario.

Golpe de calor

Los aspectos principales del golpe de calor consisten en una disfunción importante del SNC, por ejemplo con manifestaciones como coma, delirio y parálisis transitoria. El síndrome puede asociarse, aunque no necesariamente, a anhidrosis e hipertermia. Como resultado del incremento de la temperatura corporal central puede existir una lesión de los principales órganos. El signo más frecuente del golpe de calor es la taquicardia. También puede haber hipertensión o hipotensión, así como unos intervalos QT límites o prolongados en el ECG. En estudios electrocardiográficos y anatomopatológicos de pacientes con golpe de calor se han demostrado lesiones miocárdi-cas. Las pruebas de función hepática muestran elevaciones acusadas de las enzimas hepatocelulares, como la as-partatoaminotransferasa (AST), la alaninaminotransferasa (ALT) y la gammaglutamiltransferasa (GGT), así como aumentos frecuentes del nivel sérico de bilirrubina. El golpe de calor también puede afectar el riñón y provocar una ligera proteinuria. En aproximadamente un 25 % de estos pacientes ocurre una necrosis tubular aguda con oliguria e insuficiencia renal. Como consecuencia de una rabdomió-lisis de grados diversos, la nefropatía es mucho más frecuente si el golpe de calor se asocia a la realización de ejercicio físico.

El tratamiento del golpe de calor depende de los órganos afectados. En los casos graves con insuficiencia renal aguda, cardiopatía o neumopatía, es necesario ingresar al paciente en una unidad de cuidados intensivos. En el golpe de calor que ocurre en un deportista, resulta crucial una intervención precoz y la coordinación apropiada con un servicio de urgencias. En los lugares donde se realicen deportes de competición como la maratón, es importante contar con equipos médicos para tratar estas situaciones, en especial durante las estaciones con temperatura o humedad ambiental elevadas. Como siempre, resulta vital la administración precoz de líquidos. Por lo general, para la rehidrata-ción inmediata se administra por vía intravenosa un suero glucosado al 5 %. Si la clínica lo justifica, a veces es preferible la rehidratación por vía oral. Por lo general, el tratamiento básico del golpe de calor es el traslado a un servicio de urgencias hospitalario para estudiar bien al paciente.

Composición de las soluciones de hidratación

La mayoría de los deportistas no presentan trastornos por calor y, por lo tanto, el aspecto más importante es cómo mantener un equilibrio de líquidos mediante los suplementos por vía oral. La solución hidratadora ideal sería aquella que aportase las pérdidas ocurridas durante el ejercicio y por el sudor.42 Además de la deshidratación y de la posibilidad del golpe de calor, otro factor que limita la capacidad de trabajo en los deportistas es la disponibilidad limitada de hidratos de carbono, que a su vez ocasiona una depleción de los depósitos de glucógeno. Durante ejercicios de entrenamiento aeróbicos y prolongados, como los que duran más de 120 minutos, la glucemia disminuye a consecuencia de la depleción tanto de la glucosa sanguínea como de los depósitos musculares y hepáticos de glucógeno. Por lo tanto, la ingesta por vía oral de líquidos e hidratos de carbono puede disminuir en ellos tanto el riesgo de deshidratación como el de presentar hipertermia, así como proporcionarles una fuente de hidratos de carbono para poder prolongar la capacidad de realizar ejercicio y prevenir la aparición de hipoglucemia.

Tras una deshidratación producida por el calor o por el ejercicio físico, durante cierto tiempo el organismo resulta incapaz de rehidratarse por completo. Este fenómeno recibe el nombre de “deshidratación voluntaria”, porque en este tiempo el deportista no tiene sed y, por lo tanto, no siente una necesidad imperiosa de beber.37 En 1973, Costill y Sparks observaron que mediante una rehidratación realizada con una mezcla líquida de hidratos de carbono (glucosa) y electrólitos, tras una deshidratación involuntaria la recuperación del volumen plasmático ocurría con mayor rapidez que si sólo se administraba agua.43 Este descubrimiento llevó a la comercialización de soluciones para los deportistas. Investigaciones posteriores han demostrado que el contenido de hidratos de carbono y de electrólitos de estas soluciones no puede ser arbitrario, sino que su composición influye sobre la velocidad de recuperación del volumen plasmático.

A finales del siglo xix ya se sabía que la velocidad de vaciado gástrico era un factor importante que limitaba la velocidad de absorción de líquidos por el organismo.44 Así, el volumen de líquidos, el contenido en grasas, el pH, las calorías, la densidad y la temperatura son todos ellos factores que desempeñan un papel importante en la velocidad de vaciado de los líquidos por el estómago.

Cuanto mayor es la concentración de hidratos de carbono del líquido, más lenta será la velocidad de su vaciado gástrico. En el deportista, lo importante es proporcionarle calorías en forma de hidratos de carbono para prevenir la hipoglucemia y la fatiga mientras realiza ejercicios físicos muy enérgicos. Costill y Saltin demostraron que si una solución contenía 2,5 g/dl de hidratos de carbono, el líquido se vaciaba en el estómago a la misma velocidad que el agua.45 Por lo tanto, durante años los deportistas sometidos a entrenamientos intensos utilizaron soluciones de líquidos e hidratos de carbono cuya composición fuera de un 2,5 % de glucosa. Más tarde se demostró que también podían tolerarse concentraciones más elevadas de hidratos de carbono como soluto de la solución (con un contenido de glucosa del 8-9 %), sobre todo durante los primeros 30-60 minutos tras su ingesta.46 Estos datos llevaron a incrementar el contenido de hidratos de carbono en las soluciones de hidratación usadas por los deportistas. En la actualidad, para aportar las calorías que necesitan los deportistas sometidos a entrenamientos intensos, muchas de estas soluciones contienen hasta 8-9 g/dl de hidratos de carbono. Las soluciones con unos niveles más altos de estos hidratos pueden mantener los niveles de glucosa en sangre y prevenir la depleción de glucógeno. Por lo tanto, quizá lo óptimo sea utilizar aquellas soluciones capaces de contener unas concentraciones más altas de hidratos de carbono, pero sin que por ello aparezcan retrasos de la absorción de los líquidos en el estómago o en el intestino delgado.

Un factor importante de la rehidratación es la absorción de los líquidos en el intestino delgado.47 Este mecanismo de absorción es estimulado por la presencia de glucosa

y de sodio en el intestino. El cotransporte de estas dos moléculas aumenta la velocidad de absorción de los líquidos a través del epitelio intestinal. Parece ser que, en general, en los seres humanos la fructosa se absorbe con mayor lentitud que la glucosa, aunque el mecanismo y la validez de esta hipótesis son todavía tema de controversia.