Lesiones por radiación ionizante: tratamiento, causas, síntomas, diagnóstico y prevención

Base física

Las radiaciones particuladas consisten en electrones, protones, neutrones, partículas a y otras partículas subatómicas. La radiación de fondo natural procede de los rayos cósmicos, el torio, el radio y otros radionúclidos presentes en la corteza terrestre, así como del potasio 40, el carbono 14 y otros elementos radiactivos que existen de forma natural en el cuerpo.

El rad es la unidad estándar de dosis absorbida (1 rad = 100 ergios/kg de tejido). El rem es la dosis de cualquier radiación que produce un efecto biológico equivalente al de un rad de rayos X o 7. En conjunto, una persona que vive a nivel del mar recibe alrededor de 80 mrem por año. Los individuos que habitan a grandes alturas o cerca de depósitos de materiales radiactivos pueden recibir dosis mayores.

Las fuentes fabricadas por el hombre representan alrededor de 106 mrem por persona y año, procedentes de diversos dispositivos técnicos, lluvia radiactiva global, centrales nucleares, procedimientos diagnósticos, agentes radiofarmacéuticos, detectores de humo, televisores en color, fertilizantes con fosfato y diales de instrumentos. La exposición media causada por una radiografía de tórax es de 10 mrem; el enema de bario supone una exposición media de 500 a 800 mrem.

Efectos sobre los tejidos

La radiación pierde energía conforme penetra en los tejidos e interacciona con átomos en su camino. La eliminación de electrones de los átomos conduce a formación de iones y radicales reactivos. Esos radicales causan a su vez daño de las moléculas por rotura de enlaces químicos. La alteración molecular puede conducir a lesión del ADN, las enzimas o determinadas estructuras corporales.

La lesión de células somáticas germinales es posible. Los efectos genéticos constituyen un resultado de la lesión de las células germinales y los efectos somáticos pueden ser agudos, crónicos o aparecer como un fenómeno tardío. Las acciones sobre las células pueden conducir a muerte celular inmediata, lesión crónica o efectos tardíos a través de carcinogénesis. Las células germinales en división rápida y las de la médula ósea son más susceptibles a corto plazo.7

Enfermedad por radiación aguda y crónica

A las 08:15 hora local del 6 de agosto de 1945, una bomba atómica de uranio fue detonada a 580 m sobre el centro de Hiroshima (Japón). La radiación inicial estaba compuesta de rayos 7 y neutrones diseminados por la detonación. La radiación residual consistió en productos de la fisión nuclear, que cayeron sobre la tierra como “ceniza de muerte” o “lluvia negra”. Otra forma de radiación residual

se debió al bombardeo del suelo y los edificios de cemento por neutrones.

Los efectos de la radiación fueron agudos, subagudos y tardíos. Los agudos comprendieron fiebre, diarrea sanguinolenta, debilidad, extenuación, vómitos, hemoptisis, hematemesis, hematuria, epistaxis y hemorragia subcutánea. El examen anatomopatológico reveló destrucción de la médula ósea, leucopenia, anemia y disminución de las plaquetas en proporción directa con la distancia a la que se encontraba el individuo del hipocentro de la explosión. Muchas muertes ocurridas durante este período se debieron a sepsis y destrucción de la función endocrina.

Los efectos subagudos se observaron sobre todo en la médula ósea y el sistema endocrino. Se produjeron hemorragias, depilación, sepsis, disfunción suprarrenal y asper-mia en proporción directa con la distancia lineal hasta el hipocentro. Fue común la muerte por neumonía. La recuperación se caracterizó por crecimiento nuevo del pelo y la piel y resolución de las infecciones.

Los efectos tardíos a lo largo de un período de 50 años comprendieron aumento de la frecuencia de tumores malignos (en especial leucemias de todo tipo), cataratas, anomalías cromosómicas, mutaciones de las células somáticas, retraso mental, retraso del crecimiento y alteraciones funcionales de diversos órganos, en especial de las glándulas. No se apreció aumento de la frecuencia de leucemia, esterilidad o anomalías congénitas en los hijos de los supervivientes nacidos más de nueve meses después del ataque.8

Prevención

Es prudente limitar el empleo médico de los rayos X y los estudios isotópicos. La manipulación adecuada de los materiales radiactivos, la protección de los trabajadores y del público general, el empleo de prendas protectoras y los procedimientos de manipulación correctos tienen importancia crítica para prevenir la exposición. En caso de fuga radiactiva son esenciales la evacuación, el aislamiento y un plan de seguridad detallado que pueden salvar la vida de numerosas personas antes de que se produzcan los acci-dentes.9

Tratamiento

El individuo expuesto debe ser aislado y descontaminado de forma inmediata. Las partes corporales contaminadas se aislarán con vendas de plástico. Las prendas de vestir representan un material contaminado y deben ser desechadas como residuos radiactivos.

Las quemaduras y traumatismos se tratan del modo usual, al mismo tiempo que se procede a la descontaminación. Las cataratas suelen requerir implantes de lentes. La leucopenia puede necesitar profilaxis y tratamiento con antibióticos y quizá trasplante de médula ósea. Los cánceres inducidos por radiación son indistinguibles de los que aparecen de manera natural y se tratan con los protocolos habituales. La enfermedad por radiación aguda puede exigir atención médica de apoyo intensiva con asistencia car-diopulmonar, fluidos intravenosos, antibióticos y antieméticos.10