Lesiones deportivas

En su práctica médica habitual, los médicos de familia han de tratar invariablemente numerosas lesiones deportivas. Como la población general se interesa cada vez más por estar en buena forma física, aumenta el número de personas que realizan ejercicio a medida que se hacen mayores. Las lesiones sufridas en la niñez o la adolescencia con frecuencia presentan efectos que duran toda la vida y que pueden desalentar intentos posteriores de realizar actividades físi-cas.1 Los ancianos temen a menudo hacer ejercicio por miedo a lesionarse o a empeorar su artrosis. En los pacientes de cualquier edad, un entrenamiento y prevención apropiados pueden llevarles a realizar unas actividades deportivas que reducen de manera significativa los riesgos de enfermedad cardiovascular, la osteoporosis y las complicaciones de las caídas que presentan los ancianos.

La mayoría de las lesiones deportivas se deben a traumatismos por sobrecarga, y ocurre a menudo que el médico de familia no las atiende hasta que los síntomas ya están muy avanzados. Las lesiones traumáticas son de diagnóstico fácil, pero tienen importantes secuelas a largo plazo para la vida del deportista. La elección del deporte tiene grandes consecuencias sobre el riesgo de las lesiones que pueden presentarse. Probablemente el deportista adolescente es el que corre un mayor riesgo de lesionarse, tanto a causa de la elección del deporte y su falta de experiencia como por la presencia de un cartílago de crecimiento inmaduro en las uniones epifisarias y en las superficies ar-ticulares.2 Muchos de los deportes que eligen los adultos jóvenes conllevan también un alto grado de riesgo que, por otra parte, puede modificarse mediante el entrenamiento y la formación. En la tabla 52.1 se muestran los deportes más frecuentes y sus tasas relativas de lesión.

Mecanismos de las lesiones

Las lesiones traumáticas están causadas generalmente por una combinación de fuerzas. El tipo más frecuente de lesiones graves son las producidas por la desaceleración, puesto que producen importantes lesiones articulares y traumatismos contusos. En el instante en que ocurre el

impacto, el momento cinético del deportista (reforzado por la velocidad, la gravedad y el equipo) se transforma en una energía que luego absorbe el cuerpo en forma de traumatismo contuso, torsión articular o mediante la transferencia de la fuerza tensional a través del interior del esqueleto.

En los deportes de colisión (fútbol americano, rugby) y los deportes de alta velocidad (esquí alpino), las tasas de lesiones musculosqueléticas importantes son mucho mayores, ya que en estos impactos se combinan la velocidad y el efecto de masa. Los factores que afectan la extensión de las lesiones son la resistencia a la tracción de los ligamentos y tendones de las articulaciones afectadas, la resistencia ósea, la flexibilidad y la capacidad del deportista para reducir el impacto. El entrenamiento adecuado para un deporte específico reduce el riesgo de lesiones. Sin embargo, no sólo tienen importancia el entrenamiento y la resistencia, sino que para difundir la energía producida en una caída o impacto el deportista debe también aprender a saber caer y a saber levantarse tras una caída. Así mismo, hay que recomendar a los deportistas que utilicen un equipo seguro y que se entrenen exhaustivamente en la práctica del deporte que han elegido.

Los tipos de lesiones deportivas que el médico de familia atiende con mayor frecuencia son las lesiones por sobrecarga. Éstas ocurren debido a que los movimientos repetidos producen roturas microscópicas en las interfases hueso-tendón o hueso-membrana sinovial. Estos micro-traumatismos originan una respuesta inflamatoria que, si no se regula mediante fases de reposo o si es excesiva debido a la existencia de factores mecánicos, puede ocasionar una degeneración definitiva del tendón o del hueso afectados. Los factores predisponentes a las lesiones por sobrecarga son la escasa flexibilidad, la existencia de un desequilibrio de fuerzas entre grupos musculares de acciones contrarias, las deformidades mecánicas (p. ej., el pie plano), el reposo insuficiente entre los períodos de ejercicio y un equipo deportivo inadecuado.3 Los deportistas adolescentes son especialmente vulnerables a este tipo de lesiones, en especial en las zonas donde existe cartílago de crecimiento (inserciones epifisarias o apofisarias de los principales grupos musculares). Los deportistas ancianos también presentan un mayor riesgo, en este caso debido a la artrosis preexistente y a la escasa flexibilidad.

Los médicos atienden la mayoría de las lesiones por sobrecarga en estadios ya avanzados (estadios 3 o 4) y deben modificar las pautas de entrenamiento del paciente para permitir su curación. La inflamación progresiva debida a la sobrecarga puede terminar en una rotura tendinosa, en periostitis (reacción a la tensión), en verdaderas fracturas por tensión o en la degeneración del cartílago. Al principio, la periostitis puede aparecer en la radiografía como un borde cortical “esponjoso” con un engrasamiento compensador de la cortical por debajo (fig. 52.1). En etapas más avanzadas, el borde aparece claramente borrado y la cortical está ya muy engrosada. Si los síntomas sugieren una reacción por tensión importante pero las radiografías son negativas, está indicado realizar una gam-magrafía ósea. Mientras las fracturas por tensión verdaderas pueden observarse en las radiografías simples, las reacciones por tensión (periostitis) se aprecian mejor en la gammagrafía. Como las fracturas por tensión son de tipo inflamatorio, el número de complicaciones debidas a un retraso o ausencia de unión entre los fragmentos es mayor que en las fracturas traumáticas.4 Los resultados del tratamiento inadecuado de estas lesiones pueden ser graves y provocar deformidades o alteraciones degenerativas permanentes. El médico de atención primaria desempeña un papel importante no sólo en el diagnóstico precoz de la lesión (y, por lo tanto, en acortar la fase de rehabilitación), sino también en la prevención de este tipo de fracturas vigilando el entrenamiento de los pacientes e interviniendo a tiempo cuando sea necesario.

Lesiones traumáticas

Los médicos que han de estar presentes cuando se realizan deportes deben saber cuáles son las situaciones de alto riesgo en que pueden ocurrir lesiones graves y, también, saber valorar la seguridad del lugar donde se practica el deporte.

Para orientar un diagnóstico adecuado y centrar la exploración física, al valorar a un paciente con una lesión traumática resulta útil hacer las siguientes preguntas: ¿en qué deporte concreto ocurrió? ¿De qué manera ocurrió? ¿Dónde se localiza el dolor? ¿Qué es lo que empeora el dolor? ¿Existen otros síntomas asociados? ¿Había tumefacción y, en caso afirmativo, cuándo apareció? ¿Qué edad tiene el deportista? ¿Existen antecedentes de lesiones previas? Una vez respondidas estas preguntas, el médico debe realizar una exploración centrada en los sistemas musculosqueléti-co y neurovascular.

Prevención de las lesiones deportivas

El principal aspecto de la prevención de las lesiones radica en una buena comprensión de sus mecanismos de producción. En los deportes que implican colisión o fuertes contactos, para reducir la gravedad de las lesiones es esencial que el deportista lleve un equipo protector apropiado. En muchos deportes de colisión, los cascos protectores reducen de manera significativa el riesgo de los traumatismos craneales. En los deportes con riesgo de caídas, el uso de muñequeras y rodilleras puede también disminuir el riesgo de lesión en estas articulaciones. Para reducir el riesgo de lesiones de los ligamentos de la rodilla, los esquiadores alpinos han de utilizar unas fijaciones de apertura automática y que sean proporcionadas tanto a su peso como a su grado de experiencia. Las lesiones por sobrecarga pueden prevenirse mediante programas de entrenamiento escalonado que den un tiempo suficiente a los tendones y huesos para adoptar variaciones compensadoras y evitar así futuras inflamaciones. El uso de ortesis y los ejercicios centrados en grupos musculares concretos pueden corregir también problemas mecánicos que, de otro modo, podrían originar lesiones por sobrecarga.

El segundo aspecto de la prevención de las lesiones consiste en conseguir que el deportista alcance un nivel óptimo de resistencia, de habilidades propioceptivas y de flexibilidad. El entrenamiento apropiado de los deportistas y de sus entrenadores, tanto durante la temporada deportiva como antes de ella, puede reducir de manera notable el riesgo de lesiones cuando llegue el momento decisivo de la competición.