Lesiones del ligamento cruzado anterior de la rodilla: tratamiento, causas, síntomas, diagnóstico y prevención

La lesión del ligamento cruzado anterior (LCA) es la patología ligamentosa más frecuente y grave de la rodilla. Esta lesión suele ocurrir después de un traumatismo directo; otras veces tiene lugar a consecuencia de una fuerza torsional asociada a una lesión por desaceleración. Las lesiones se observan cuando un deportista cambia de dirección al correr y experimenta un “bloqueo” brusco de la rodilla.

Diagnóstico

Con frecuencia el deportista nota un chasquido al lesionarse, cae al suelo notando un dolor intenso y es incapaz de seguir la competición. En un 60 % al 70 % de los deportistas aparece un derrame hemático antes de 24 horas. Para valorar una lesión del LCA pueden utilizarse tres maniobras: la prueba del cajón anterior, la prueba de Lach-man y la prueba de pivotaje.

La prueba del cajón anterior se realiza con la rodilla fle-xionada a 30 grados. Se rota ligeramente hacia fuera la pierna afectada para relajar los músculos aductores y de la pantorrilla. Después el explorador se arrodilla junto a la parte externa de la pierna afectada, con una mano estabiliza el muslo y, con la otra, realiza una tracción suave, pero firme, sobre la región proximal de la tibia. Si la tibia se desplaza hacia adelante, existe desgarro del LCA.

La prueba de Lachman se lleva a cabo con las pantorrillas relajadas y la rodilla flexionada a 15 grados. Con una mano sobre el fémur, justo por encima de la rodilla para estabilizarla, el explorador tracciona de la tibia hacia delante con la mano opuesta colocada sobre la tuberosidad tibial. Si el LCA está intacto, la tibia encuentra un freno firme y no cede. En cambio, si existe desgarro la tibia continúa desplazándose hacia delante como si estuviera sujeta por una banda de goma.

En la prueba de pivotaje, el explorador agarra con el brazo el tobillo y la pierna del paciente, y después realiza una abducción de la pierna con extensión de la rodilla. Sus manos, colocadas bajo la región proximal de la tibia, ejercen una suave fuerza hacia delante y de rotación interna. Entonces, la tibia se subluxa hacia delante y, a medida que se ejerce presión en la pierna, la tibia vuelve a reducirse de nuevo.

Las lesiones del ligamento cruzado posterior están causadas por un traumatismo directo en la región anterosupe-rior de la tibia. Por ejemplo, cuando se da una patada a un “karateka” en la región de la tuberosidad tibial mientras tiene el pie firme en el suelo, o igual que cuando alguien cae hacia delante con la rodilla flexionada. Los desgarros del ligamento cruzado posterior se diagnostican de la siguiente forma: con la cadera y la rodilla flexionadas, al sujetar la pierna por el talón se observa un desplazamiento hacia atrás de la tuberosidad tibial (“signo del hundimiento de la tuberosidad tibial”).

Tratamiento

El tratamiento inicial de los desgarros del LCA consiste en reposo, hielo, compresión y elevación, junto con inmovilización o uso de muletas e instrucciones para usarlas. La rehabilitación exige el inicio precoz de ejercicios de contracción del cuádriceps para prevenir la atrofia y favorecer el reforzamiento muscular. En algunos deportistas son útiles las rodilleras articuladas o de protección. El paciente debe ser derivado de inmediato al traumatólogo, si se observan

signos radiológicos de fractura por avulsión de las uniones del LCA; si existe laxitud articular, la derivación puede hacerse más adelante, por si es precisa una artroscopia.