Latidos ventriculares prematuros: tratamiento, causas, síntomas, diagnóstico y prevención

Los latidos ventriculares prematuros (LVP) son la arritmia cardíaca aislada más frecuente, y quizás la más sobretrata-da de todas las alteraciones cardíacas. Son el resultado de una reentrada en el miocardio ventricular o en la porción terminal del sistema de Purkinje; en un mismo individuo

pueden existir uno o varios circuitos de reentrada. Aparecen en pacientes sin cardiopatía y son precipitados por la ansiedad, el estrés emocional, el ejercicio, la cafeína y otros simpaticomiméticos, las alteraciones electrolíticas o del equilibrio acidobásico, el alcohol y múltiples medicaciones. Aparecen también en pacientes con enfermedad cardíaca subyacente y en el contexto de la isquemia aguda o del IM, en la infección aguda, la ICC, la isquemia crónica, la

miocardiopatía, y en algunas formas de enfermedad valvular o estructural cardíaca, incluyendo el prolapso de la válvula mitral.

A menudo los LVP son asintomáticos y se observan en la auscultación rutinaria o en un ECG obtenido por otros motivos. Los pacientes con LVP frecuentes pueden describir palpitaciones, mareo o sensación de debilidad. En la exploración física, los LVP se manifiestan como un latido

adelantado con una pausa compensatoria posterior. El ECG (fig. 77.4a) muestra un ritmo sinusal basal, observándose el LVP como un QRS adelantado, que es ancho (> 0,12 seg), mellado y alterado, y que no va precedido de una onda P. La dirección de la onda T con frecuencia resulta contraria a la del QRS a causa de una repolarización aberrante. Puede observarse una onda P detrás del QRS u oculta en la onda T a consecuencia de la conducción retrógrada. El nodo sinusal no es despolarizado habitualmente por el LVP, creando una “pausa compensadora” tras el latido adelantado: se suprime un latido sinusal a causa del estado refractario del miocardio y del sistema de conducción, pero se mantiene el ritmo regular del nodo sinusal. Los LVP pueden ser unifocales o multifocales (el resultado de uno o más focos de reentrada), que pueden aparecer en patrones como el trigeminismo (una vez cada 3 latidos), bigeminismo o las parejas (en grupos de dos).

La clasificación de Lown, antiguamente utilizada para establecer el riesgo de varios tipos de LVP, se ha reemplazado por las siguientes “reglas” de tratamiento. En los pacientes sin enfermedad cardíaca, los LVP no se asocian a un riesgo aumentado de muerte súbita o de otros eventos coronarios, y en general no deberían ser tratados. En presencia de síntomas graves se debería efectuar una discusión cuidadosa de los riesgos y beneficios del tratamiento con los pacientes antes de iniciar el tratamiento farmacológico. Los betabloqueantes son la primera elección para el tratamiento en la mayoría de los casos. El uso de agentes de la clase I en pacientes con LVP ha mostrado repetidamente aumentar el riesgo de muerte súbita o de eventos coronarios, y debería evitarse su uso.12-14,16 En la situación postinfarto de miocardio, el tratamiento con betabloqueantes ha demostrado tener efectos beneficiosos en relación con la mortalidad.15,17 La administración de dosis bajas de amiodarona puede ser de utilidad en pacientes que no pueden emplear betablo-queantes. Los inhibidores de la enzima conversora de la an-giotensina (IECA) pueden ser útiles en los pacientes ancianos tras un IM y con ICC. Los bloqueantes de los canales del calcio no son efectivos y no deberían utilizarse.