Hipertensión del deportista: tratamiento, causas, síntomas, diagnóstico y prevención

La hipertensión es un trastorno cuya prevalencia, en EE.UU., se estima en 58 millones de adultos. Es un factor de riesgo demostrado de mortalidad cardiovascular y sigue siendo la principal causa de muerte en los adultos de dicho país. Los médicos de familia atienden al 95 % de los pacientes con hipertensión primaria o esencial. De éstos, casi el 80 % presentan una hipertensión leve.24 Un método útil para tratar este trastorno es hacer que los pacientes con hipertensión leve (presión arterial diastólica de 90-100 mmHg) realicen actividad y ejercicio físicos. Según las recomendaciones del Fifth Report of the Joint National Committee on the Detection and Evaluation and Treatment of High Blood Pressure, el primer escalón terapéutico de la hipertensión leve no complicada es el tratamiento no farmacológico, por ejemplo la dieta y el ejercicio físico.25

En la actualidad existen más de 30 estudios longitudinales en seres humanos y 20 en animales que demuestran que el ejercicio físico tiene un beneficio demostrado en el tratamiento de la hipertensión.26 Parece que los mecanismos por los que el ejercicio disminuye la presión arterial son: reducción del tono simpático, pérdida de peso, respuesta de relajación asociada al período de descenso de la presión tras realizar un ejercicio, atenuación de los baro-rreceptores arteriales y una reciente teoría denominada resistencia a la insulina.27 La hipótesis de esta teoría afirma que, en los individuos con predisposición, la hipertensión, la diabetes mellitus de tipo 2, la hiperlipidemia y la obesidad están relacionadas, con un metabolismo caracterizado por un aumento de los niveles de insulina, de la resistencia a ella y del tono simpático.27 La actividad física moderada o intensa puede mejorar simultáneamente estos cuatro factores, contrariamente a lo observado en el tratamiento farmacológico, que a veces empeora un factor de riesgo mientras resulta beneficioso para otro. Las recomendaciones actuales respecto al ejercicio físico y los hi-pertensos son las mismas que las del ACSM y los CDC, ya mencionadas anteriormente.3

Diversos estudios recientes han demostrado que el nivel óptimo para controlar la presión arterial es realizar un ejercicio físico de intensidad baja o moderada.28 El mejor margen en el que los hipertensos deberían realizar ejercicio físico podría corresponder al llamado “punto de máxima reducción de la presión arterial”, es decir, un período que aparece al realizar una actividad física de bajo nivel y durante el cual ocurre una disminución de las resistencias periféricas totales que producen un descenso de la presión arterial. Así mismo, los hipertensos deberían evitar el ejercicio estático, como el levantamiento de pesos. Un estudio realizado en la McMaster University de Canadá por Mac-Dougall et al29 demostró que, al ejercer una presión máxima en las piernas de adultos jóvenes normotensos, la presión arterial aumentaba por encima de 300/200 mmHg.

Son diversos los fármacos de eficacia demostrada para el tratamiento de los hipertensos que realizan actividad física. Así, los inhibidores de la enzima conversora de an-giotensina (IECA), los calcioantagonistas, la prazosina y la doxazosina son hipotensores excelentes asociados a pocos efectos secundarios.30

El Fifth Report of the Joint National Committee on Detection, Evaluation and Treatment of High Blood Pressure de 1993, recomienda que el primer escalón terapéutico del tratamiento de la hipertensión han de ser los diuréticos y los betabloqueantes. Estos fármacos fueron muy populares durante los años 80, su coste es razonable y en estudios epidemiológicos exhaustivos se ha demostrado que controlan bien la hipertensión.25 En la actualidad la hidroclorotiacida se prescribe a dosis mucho más bajas (10-25 mg/día) que las dosis recomendadas hace 10-20 años (50 mg/día). Estas dosis más bajas de diuréticos producen menos efectos secundarios, principalmente hipopotasemia. Si se utilizan be-tabloqueantes en el tratamiento de la hipertensión, en la actualidad se recomienda utilizar los selectivos (en lugar de los no selectivos), ya que tienden a presentar menos efectos secundarios y a no disminuir la capacidad para realizar ejercicio físico.

Cada día hay más pruebas de que la respuesta hiperten-siva asociada al ejercicio aeróbico, como la que tiene lugar al realizar la prueba de esfuerzo en la cinta rodante, podría asociarse a la aparición futura de una hipertensión en los individuos normotensos en reposo. Varios estudios sugieren que la realización de este tipo de pruebas podría ser eficaz como cribado de los individuos predispuestos a la hipertensión.