Hemorragia gastrointestinal superior: tratamiento, causas, síntomas, diagnóstico y prevención

La hemorragia gastrointestinal superior se define como una hemorragia GI localizada por encima del ligamento de Treitz. Puede presentarse con alguna de las tres formas distintas siguientes: en primer lugar, puede manifestarse con una hematemesis, que puede ser de color rojo brillante y con aspecto de poso de café. Por lo general, la hemate-mesis implica la existencia de una hemorragia activa. En segundo lugar, la hemorragia GIS puede manifestarse con melenas. La presencia de heces negras alquitranadas significa que la sangre ha transitado por el tracto gastrointestinal y, por lo tanto, ha sufrido el consiguiente proceso de digestión. Las melenas también pueden deberse a una hemorragia GI inferior. En tercer lugar, la hemorragia GIS puede evidenciarse con una hematoquecia, si la hemorragia es aguda. La sangre puede tener un efecto catártico sobre el intestino.

Causas

Las cuatro causas más frecuentes de hemorragia GIS son: úlcera péptica, gastritis, varices esofágicas y desgarro mucoso esofagogástrico (síndrome de Mallory-Weiss). Puesto que la hemorragia causada por úlcera péptica puede presentarse sin dolor, siempre debe tenerse en cuenta la posibilidad de una úlcera péptica. Las causas de gastritis se han descrito anteriormente. La hemorragia por varices suele ser súbita y masiva, y la pérdida sanguínea crónica es inusual. Las varices pueden deberse a una cirrosis alcohólica o a cualquier otra causa de hipertensión portal, como trombosis venosa portal. El síndrome de Mallory-Weiss se presenta clásicamente con arcadas seguidas de hemateme-sis. Otras causas de hemorragia GIS incluyen carcinoma gástrico, linfoma, pólipos y divertículos.

Diagnóstico y tratamiento

El diagnóstico y tratamiento del paciente con hemorragia GIS depende de la localización y magnitud de la hemorragia. Es preciso analizar los vómitos y las heces para confirmar la presencia de sangre. El tratamiento inicial en todos los pacientes requiere una valoración de las constantes vitales, incluyendo alteraciones ortostáticas. En todos aquellos en quienes se considere que presentan una pérdida sanguínea significativa es preciso efectuar un tipado y comparación para reposición de sangre, y colocar además una vía intravenosa de gran calibre para la reposición de líquidos y sangre.

Hay que insertar una sonda nasogástrica para ayudar a averiguar la localización y magnitud de la hemorragia. A continuación se analiza la presencia de sangre en el aspirado nasogástrico. Si el aspirado consiste en sangre roja o material en poso de café, se procede a un lavado gástrico con suero salino. En ocasiones es necesaria la transfusión de productos sanguíneos y de líquidos intravenosos. Se ha utilizado suero salino congelado para detener la hemorragia, aunque nunca se ha demostrado la eficacia de este tratamiento. Una vez que el paciente se encuentra hemodi-námicamente estable y se ha interrumpido la hemorragia, puede practicarse la endoscopia superior. Ésta puede ser tanto diagnóstica como terapéutica. A través del endoscopio puede efectuarse la escleroterapia o ligadura de las varices esofágicas. La hemorragia activa procedente de una úlcera péptica puede tratarse mediante endoscopia.

Si el paciente presenta una hemorragia persistente, numerosos médicos recomiendan la endoscopia para localizar el origen de la hemorragia y su posible terapia. La hemorragia masiva procedente de varices puede dificultar la endoscopia.

Se dispone de dos terapias adicionales para las varices esofágicas. La administración periférica de vasopresina es tan eficaz como la administración intraarterial. El taponamiento con balón mediante una sonda de Sengstaken-Bla-kemore es otra terapia alternativa para las varices hemo-rrágicas.

Como siempre, la prevención de la hemorragia GI es más eficaz que el tratamiento. La terapia de mantenimiento para la EUP puede reducir el número de episodios he-morrágicos posteriores. Los antagonistas betaadrenérgi-cos (propranolol, dosis habitual de 20 mg 3 veces al día) o la isosorbida (20 mg 3 veces al día) pueden prevenir y reducir la mortalidad asociada a hemorragia GI en los pacientes con cirrosis, con independencia de la gravedad.21,22