Glaucomas: tratamiento, causas, síntomas, diagnóstico y prevención

Glaucoma crónico de ángulo abierto

El glaucoma crónico de ángulo abierto es un trastorno bastante común, cuya incidencia aumenta con el envejecimiento. Obedece a la obstrucción del flujo de salida del humor acuoso en la red trabecular. Entre los factores predisponentes se encuentran los antecedentes familiares de glaucoma, las contusiones oculares graves y posiblemente la miopía intensa. Su incidencia alcanza un 10 % en las personas mayores de 80 años.

Más que el aumento de la presión intraocular, en el glaucoma se daña el nervio óptico. La elevación de la presión intraocular reduce el umbral para la aparición del glaucoma. El diagnóstico se basa en la siguiente tríada: aumento de la presión intraocular, excavación patológica de la cabeza del nervio óptico y defecto del campo visual. Un índice excavación fisiológica/disco superior a 0,60 suele aportar la clave diagnóstica, al igual que la asimetría entre los dos ojos. Cuando el enfermo refiere antecedentes familiares o se aprecia un aumento de la relación entre la excavación fisiológica y el disco hay que remitir el caso al oftalmólogo (figs. 71.10 y 71.11).

El tratamiento es triple: disminución farmacológica de la presión intraocular, trabeculoplastia con láser para que mejore el flujo de salida del humor acuoso o descompresión quirúrgica del ojo mediante trabeculectomía.24-26

Glaucoma de ángulo cerrado

El ataque agudo de glaucoma de ángulo cerrado se debe al bloqueo brusco en el flujo del humor acuoso. El iris responde a una pequeña dilatación con el taponamiento de la red trabecular; por eso aumenta gradualmente la presión dentro del ojo. Los síntomas agudos consisten en dolor, disminución de la visión, halos alrededor de las luces, náuseas y vómitos. En la exploración se observa la córnea opacificada o “empañada”, una pupila de tamaño intermedio, no reactiva,

una zona de inyección alrededor del limbo corneal y aumento de la presión intraocular. Es fundamental que el enfermo acuda inmediatamente al oftalmólogo. Muchas veces se precisa una iridotomía con láser y conviene valorar, asimismo, la iridotomía profiláctica con láser del otro ojo.27-29