Gastritis: tratamiento, causas, síntomas, diagnóstico y prevención

La gastritis, o inflamación de la mucosa gástrica, es un conjunto de trastornos que se agrupan con mayor frecuencia en formas agudas o crónicas.17 La gastritis erosiva aguda es habitual en las enfermedades graves, como sepsis, traumatismos o tras una intervención quirúrgica, o como consecuencia de la administración de ciertos fármacos (AINE, ácido acetilsalicílico) y alcohol. Los síntomas varían entre hematemesis y melenas, hasta anorexia, náuseas y vómitos. El dolor es mucho menos frecuente que el provocado por la úlcera péptica. Numerosos pacientes permanecen asin-tomáticos a menos que se evidencie una pérdida de sangre. Los pacientes pueden presentar signos de hemorragia masiva (p. ej., hipotensión ortostática, taquicardia y palidez) o evidencia de pérdida crónica de sangre (p. ej., anemia fe-rropénica).

La terapia consiste en el tratamiento de la enfermedad subyacente y en la eliminación de los posibles irritantes gástricos. (Para el abordaje y tratamiento de la hemorragia causada por una gastritis, véase Hemorragia gastrointestinal superior, más adelante.) La administración de antiácidos en dosis suficientes para mantener el pH gástrico por encima de 4 es eficaz en la reducción de la incidencia de gastritis de estrés, pero no está claro que dichas terapias contribuyan a detener la hemorragia. La cirugía es un último recurso, pero puede ser necesario si fracasa la terapia médica.

Las gastritis crónicas se han clasificado en tipos A y B. El tipo A, habitualmente denominada gastritis atrófica, afecta al cuerpo y fondo gástrico y puede originar una anemia perniciosa. A menudo se detectan anticuerpos contra células parietales y factor intrínseco.

La gastritis de tipo B es mucho más frecuente que la de tipo A. Puede localizarse sólo en el antro, o afectar a todo el estómago. En los pacientes con gastritis de tipo B se demuestra a menudo la presencia de H. pylori y se recomienda el tratamiento antibiótico.