Fisura anal: tratamiento, causas, síntomas, diagnóstico y prevención

Una fisura es una solución de continuidad o desgarro de la mucosa anal y está producida habitualmente por el paso de heces duras.16,17 Clásicamente, la lesión se asocia a hemorragia con dolor intenso durante la defecación.16,17 Los pacientes refieren a menudo una sensación de dolor agudo y cortante o como si algo se desgarrase. Aproximadamente un 50 % de los pacientes presentan los síntomas propios de las hemorroides.16

Las fisuras anales aparecen principalmente en la línea media del conducto anal; un 90 % se localizan en la zona posterior de la línea media.8,16,17 Las fisuras localizadas por fuera de la línea media pueden asociarse a otras enfermedades, como enfermedad de Crohn, tuberculosis o sífilis.8 Siempre que el médico encuentre una fisura por fuera de la línea media debe buscar una enfermedad asociada (capítulos 41 y 88).

Puesto que las fisuras aparecen en el anodermo, que tiene una rica inervación nerviosa, con frecuencia el dolor

que producen es desproporcionado respecto al tamaño de la lesión.9 Pueden diagnosticarse mediante la historia clínica, el tacto rectal y la anoscopia. Al realizar la exploración de las fisuras, el espasmo del esfínter muscular puede eliminarse si el médico separa con suavidad con los dedos enguantados los bordes del orificio anal haciendo una tracción externa a cada lado del ano.17

Una vez diagnosticadas, muchas fisuras curan en pocas semanas simplemente instaurando medidas para reblandecer las heces.8,16 Pueden resultar medidas útiles los emolientes, aumentar la ingesta de líquidos, los baños de asiento y los agentes para aumentar el volumen de las heces.8,9,16 Para aliviar el dolor puede recomendarse al paciente que se aplique un gel de lidocaína al 2 % antes de cada defecación.

Las fisuras no cicatrizadas pueden ocasionar síntomas crónicos, intermitentes o continuos.16 Los desgarros recidivantes del anodermo, tras el paso de las heces en cada defecación, puede acabar en la aparición de una fisura anal. En ocasiones la cripta anal situada inmediatamente por encima de la fisura crónica (en la línea pectínea) experimenta fenómenos de tumefacción y edema, lo que causa la aparición de una papila anal hipertrófica o pólipo.16,17 Dis-talmente a la fisura (en el límite inferior del ano), puede encontrarse una gran excrecencia cutánea (el llamado “centinela”).17 Así, el hallazgo de esta tumefacción en el borde externo del conducto anal puede servir como indicador de la existencia de una fisura inmediatamente superior.16,17

A causa de la fisura suprayacente, el esfínter anal interno puede experimentar un espasmo. Con el paso del tiempo, la fisura puede profundizar y el músculo espástico se fibrosa y contrae.17 Una vez que el músculo se ha fibrosado, resulta frecuente el fracaso de los tratamientos conservadores. La aplicación de un ungüento de nitroglicerina tópica (al 0,5 %) puede reducir la contracción del esfínter mientras la fisura cicatriza,18 aunque debe tenerse presente que en los pacientes jóvenes a veces causa cefalea y síncope.

Por lo general, el tratamiento quirúrgico de las fisuras anales se reserva para los pacientes con fisuras persistentes que no han respondido a los tratamientos conservadores. La intervención quirúrgica más recomendada es la esfin-terotomía lateral interna, que libera el músculo contraído.16,17 Esta intervención se lleva a cabo introduciendo una hoja de bisturí fina de cataratas o del número 11 a través de la piel perianal, entre el esfínter externo y el interno, desplazándola por el recto con ayuda del dedo enguantado del médico hasta seccionar el esfínter interno fibrótico. La hoja de bisturí no debe seccionar todo el tramo correspondiente a la mucosa.17 En ocasiones, esta intervención produce incontinencia fecal.