Exantemas víricos: tratamiento, causas, síntomas, diagnóstico y prevención

Numerosos virus producen exantemas en los niños. Al igual que la parotiditis (estudiada anteriormente), muchas de estas enfermedades sistémicas son subclínicas o producen a veces diversas secuelas significativas. En la tabla 18.2 se resumen las principales enfermedades exantemáticas y su tratamiento. Aunque el diagnóstico es fundamentalmente clínico, a veces se observa cierto grado de solapamiento (p. ej., formas leves de sarampión que parecen otros exantemas y enfermedades rubeoliformes causadas por enterovirus y otros agentes). Las pruebas de laboratorio que pueden resultar útiles son: a) las pruebas serológicas para el sarampión y la rubéola; b) el cultivo del virus de la rubéola; c) los títulos de inmunoglobulina M (IgM) para el parvovirus B19, y d) el frotis de Tzanck, la inmunofluorescencia directa o el cultivo para los virus de la varicela-zoster, del herpes y otros.1,28 Otros exantemas víricos infantiles,28 acompañados o no de fiebre, son los exantemas maculopapulosos, petequiales, purpúricos o vesiculosos de las infecciones por enterovirus y adenovirus, entre los que se incluyen la enfermedad mano-pie-boca (causada habitualmente por virus Coxsackie), que se manifiesta por pródromos y aparición de máculas y vesículas en manos y pies junto con vesículas y úlceras en la boca. Diversas infecciones producen en los niños pequeños unas pápulas eritematosas, simétricas y de superficie plana en la cara, nalga y extremidades (síndrome de Gianotti-Crosti). Igualmente, numerosos virus (sobre todo el virus de la rubéola y los parvovirus) pueden causar el llamado “complejo STAR”, formado por dolor de garganta (sore throat), Temperatura alta, Artritis y exantema urticariano pruriginoso (rash).37 El herpes zoster, caracterizado por vesículas y ampollas sobre una base eritematosa siguiendo una distribución por dermatomas, puede aparecer en los niños de cualquier edad tras la infección por el virus de la varicela-zoster. Los exantemas víricos deben diferenciarse de las infecciones producidas por

bacterias (p. ej., escarlatina), rickettsias y parásitos; de la erupción de la mononucleosis infecciosa (que aparece sobre todo tras la administración de amoxicilina), de las erupciones causadas por fármacos o toxinas, y de otros trastornos dermatológicos (capítulos 38,115 y 116).