Enfermedad pulmonar laboral: tratamiento, causas, síntomas, diagnóstico y prevención

La enfermedad pulmonar fue uno de los primeros trastornos identificados en relación con el trabajo. Agricola escribió en el siglo XVI sobre los mineros de una zona limítrofe entre Alemania y Checoslovaquia; estos trabajadores fallecían por una enfermedad pulmonar relacionada con el polvo y la evolución era tan rápida que algunas mujeres “sobrevivían hasta a siete maridos”. El pulmón representa una de las principales puertas de entrada de las toxinas en el cuerpo. Tras los pulmones se sitúan la ingesta oral y la exposición cutánea. La enfermedad pulmonar laboral puede oscilar desde la asfixia aguda y la toxicidad inmediata por inhalación masiva de cloro, que conduce a edema pulmonar intenso, hasta el asma laboral, la tuberculosis y otras enfermedades infecciosas y la neumoconiosis.

Diagnóstico

Además de una historia de exposición y una exploración física cuidadosas, existen dos instrumentos fundamentales para evaluar el sistema respiratorio. La primera prueba diagnóstica es la radiografía. En medicina del trabajo, además de la evaluación estándar existe una escala de clasificación de la neumoconiosis específica, propuesta por la Organización Internacional del Trabajo y certificada por especialistas sobre la base de una serie de radiografías hechas con técnica estándar. Esos especialistas “B” autorizados califican la extensión y la gravedad de la neumoconiosis empleando la escala estandarizada.19 Por desgracia, el parén-quima pulmonar y las vías aéreas pueden experimentar una lesión importante antes de que se encuentre cualquier anomalía en las radiografías. Con frecuencia las pruebas de función pulmonar son más sensibles.

La espirometría es una prueba de la capacidad funcional de los pulmones. La American Thoracic Society tiene normas extensas para la prueba de espirometría y la OSHA especifica los requisitos de los espirómetros aprobados.20 La prueba espirométrica consiste habitualmente en tres esfuerzos respiratorios máximos de por lo menos seis segundos cada uno, registrados en una gráfica que mide el volumen expelido a lo largo del tiempo. Por lo menos dos esfuerzos deben variar entre sí menos del 5 % o de 100 ml. El individuo normal expulsa alrededor del 75 % del volumen total de aire en el primer segundo (FEVi). El volumen total exhalado se conoce como capacidad vital funcional (functional vital capacity o FVC). Si la FVC está disminuida es probable que el paciente sufra enfermedad restrictiva. La caída del FEV1 con una pendiente plana de la curva espiro-métrica indica obstrucción de las vías aéreas.21

Neumoconiosis

La neumoconiosis, literalmente “pulmón polvoriento”, es el paradigma clásico de enfermedad pulmonar laboral. Se debe a inhalación durante largos períodos de polvo con capacidad fibrogénica, como el de sílice, asbesto o carbón. En último término, la presencia de polvo en los pulmones provoca una respuesta de fibrosis con rigidez y pérdida de distensibilidad e incapacidad consiguiente para expandirse. El resultado es una enfermedad restrictiva que se manifiesta por disminución de la FVC.

La bisinosis o hipersensibilidad al polvo de algodón se denominó originalmente “enfermedad de los pulmones pardos” para diferenciarla de la “enfermedad de los pulmones negros”, más grave, que afecta a los trabajadores del carbón. De hecho, los programas de detección y prevención han disminuido de forma marcada el número y la gravedad de los casos de neumoconiosis.

Asma e hipersensibilidad

El asma laboral se ha convertido en la principal enfermedad pulmonar relacionada con el trabajo durante la década de los años 90. Se estima que hasta el

15 % de los adultos asmáticos adquirieron su enfermedad como resultado de la sensibilización laboral. En algunas ocupaciones, el asma afecta hasta al 50 % de los empleados. La tabla 45.4 muestra una lista de los inductores de asma laboral. El tratamiento se basa en evitar el agente sensibilizador, junto con la terapia antiasmática habitual. Es muy recomendable que los pacientes con asma laboral no vuelvan al lugar de trabajo, ni incluso con equipo protector.22

La fiebre por humo es también una enfermedad pulmonar laboral importante. Muchas veces no se diagnostica debido a que se manifiesta por un cuadro de tipo gripal agudo: tos, fiebre, dolores musculares y malestar general cuatro a seis horas después de la exposición. La fiebre por humo de metales puede aparecer después de la exposición a concentraciones elevadas de óxidos metálicos, por ejemplo de cinc o de cobre, sobre todo en soldadores. De modo similar, la fiebre por humo de polímero puede ocurrir en trabajadores expuestos a polímeros plásticos calientes, por ejemplo en los operarios que parten la carne y sellan los trozos con plásticos. La fiebre por humo no es progresiva. Sin embargo, un síndrome similar, la alveolitis alérgica extrínseca, causada por exposición a polvos orgánicos, tiene manifestaciones parecidas pero evoluciona hacia la fibrosis intersticial crónica. La exposición a polvos orgánicos puede ocurrir en numerosos trabajos y afecta a operarios que manipulan quesos y maderas y a los granjeros.23

Síndrome del edificio enfermo

Algunos de los aspectos más nuevos de la enfermedad pulmonar laboral se deben a la polución dentro de los edificios, que se ha hecho más frecuente como consecuencia de las técnicas de construcción destinadas a disminuir el consumo de energía, con riesgo del llamado “síndrome del edificio enfermo”. El síndrome tiene su origen en programas de ahorro de energía que condujeron a nuevas técnicas de construcción para minimizar la pérdida de calor. Los nuevos edificios son herméticos para aislarlos de la temperatura externa, pero eso facilita la acumulación de diversos gases, humos y a veces mohos. Los síntomas más frecuentes consisten en afonía, tos, malestar general, cefalea y rinorrea. Los gases pueden proceder de las moquetas nuevas o de las pinturas. También se pueden importar gases perjudiciales a través de las entradas de aire, por ejemplo humos de gasoil y otras sustancias nocivas o molestas. La cantidad de humedad o los intercambios de aire por hora, medidos por los niveles de CO2, también pueden

afectar a los trabajadores. Una última categoría de enfermedad pulmonar laboral comprende las enfermedades infecciosas transmitidas por el aire, como la tuberculosis (v. más adelante).