El papel del médico como educador sexual en la comunidad

Los médicos de familia desempeñan también un importante papel como defensores de la salud de los adolescentes en los distintos ámbitos de la comunidad, como el colegio, la iglesia y otros. Los médicos pueden trabajar de una forma eficaz colaborando con los profesores, los asistentes sociales y los educadores sanitarios para promover el desarrollo personal y profesional relacionado con la educación sexual. Además, también pueden desempeñar funciones políticas a nivel legislativo, en los consejos escolares y en otros grupos de influencia política que influyen y ejecutan políticas relacionadas con la salud de los adolescentes. En la comunidad, el papel más creíble para el médico es el de un defensor de la salud pública y no el de un moralista. Por último, resulta apropiado que los médicos y los demás líderes que se ocupan de los jóvenes se dirijan a los medios que reproducen gráficamente la sexualidad para evitar los programas que envían a los adolescentes mensajes conflictivos sobre la sexualidad. Por ejemplo, los anuncios que asocian el consumo de alcohol al atractivo sexual resultan especialmente nocivos para conseguir los objetivos de un desarrollo sexual sano y de unas futuras relaciones íntimas sanas cuando los jóvenes sean adultos. Al

trabajar con grupos de padres, puede resultar útil proporcionarles lecturas y otros materiales que les informen sobre estrategias específicas y que les ayuden a discutir los temas de sexualidad con sus hijos en casa. En el Apéndice B se muestran algunos de estos materiales sobre educación sexual que los médicos pueden sugerir a los padres para que lean en sus casas.

Algunos médicos que trabajan directamente con los jóvenes en la comunidad o en el colegio se preocupan al enfrentarse a un grupo de adolescentes curiosos y a veces desafiantes. Los miedos más frecuentes en los adultos que hablan con los jóvenes en la comunidad son los siguientes: miedo a que ninguno hable; miedo a que las diferencias de lenguaje inhiban la conversación o que el lenguaje empleado por los jóvenes resulte ofensivo, y miedo a que los jóvenes pregunten cuestiones difíciles o embarazosas. Sin embargo, estos miedos raras veces se materializan y, al trabajar con adolescentes en grupos escolares o comunitarios, hay que tener siempre en cuenta dos o tres reglas básicas. Primero, al igual que en una charla privada, la conversación ha de estar guiada por las preguntas o preocupaciones de los adolescentes y no por una especie de “necesidad” del adulto de informales a toda costa. Segundo, cuando están en grupo, los adolescentes rara vez preguntan sobre temas especialmente “sensibles”, por lo que deben idearse maneras para hacer preguntas de forma anónima, como “pasar el sombrero” y hacer luego que un voluntario lea las preguntas. Tercero, los adolescentes aprenden mejor cuando las respuestas las dan sus compañeros, por lo que la utilización de una “lista de adolescentes expertos” (entrenados previamente por el médico) puede resultar una buena estrategia para utilizar los aspectos positivos de la presión ejercida por el grupo; de este modo, podrán discutirse y asesorar sobre situaciones de la vida real a las que deben enfrentarse los adolescentes. Finalmente, las conversaciones en grupo deben tener un cierto grado de “frivolidad”. Facilitar las conversaciones hace que los adolescentes manifiesten sus propios puntos de vista y las estrategias que seguirían para buscar soluciones. Para ayudarles a adoptar unas conductas sexuales sanas, estas conversaciones en grupo suelen ser más útiles que ofrecerles material de lectura.

Conclusión

Ya sea hablando con los adolescentes individualmente en la consulta ya trabajando con el cuerpo legislativo estatal para asegurar una educación sexual eficaz en el sistema escolar, el médico de familia desempeña un papel fundamental ayudando a los jóvenes a superar con éxito el período de la adolescencia, haciendo que se sientan seguros de sí mismos y que tengan suficiente conocimiento de los hechos como para tomar decisiones responsables sobre su sexualidad. Al discutir sobre temas sexuales con un adolescente es imprescindible la confianza, que el médico de familia puede conseguir escuchando con atención sus preocupaciones, proporcionándoles información apropiada a su estadio de desarrollo y respetando estrictamente la confiden-

cialidad. El médico también puede ser muy útil ayudando a los padres a saber cómo han de abordar con sus hijos los temas referentes a las preocupaciones sobre la sexualidad. Aunque a veces parece difícil encontrar un lenguaje común y ganarse la confianza de un adolescente, se pueden hallar vías de comunicación y ejercer un impacto positivo sobre la toma de decisiones de los jóvenes.

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