El niño en desarrollo. Aproximación al desarrollo anormal: tratamiento, causas, síntomas, diagnóstico y prevención

Vigilancia del desarrollo y métodos de cribado

En las visitas de atención sanitaria preventiva el médico de familia debe evaluar las habilidades de desarrollo del niño. La evaluación puede realizarse mediante preguntas directas a los padres y explorando al niño según unos parámetros apropiados a su edad (vigilancia) o usando una prueba formal de evaluación del desarrollo (p. ej., la Denver II Developmental Screening Test, Early Language Milestone Scale o escala de Denver II sobre los momentos clave en el desarrollo del lenguaje). El método de la “vigilancia” implica estar familiarizado con los momentos clave del desarrollo y ser capaz de diferenciar las variaciones normales de los retrasos significativos. Aunque por lo general las pruebas estandarizadas de cribado duran más

tiempo, puede dirigirlas el personal no médico tras una formación específica que asegure que los resultados sean fiables.

Retrasos del lenguaje en el lactante y en el niño menor de 3 años

Durante los 3 primeros años de vida los niños aprenden las reglas gramaticales del lenguaje y un vocabulario básico bastante amplio (tabla 21.2). También desarrollan las habilidades motoras necesarias para expresar verbalmente estas palabras. Los retrasos del lenguaje pueden deberse a déficit orgánicos sensoriales (oído), disfunción del SNC, deprivación ambiental o a una combinación de estos factores. Para llevar a cabo la evaluación de un niño con retraso del lenguaje, el primer paso consiste en valorar la audición. Mientras el médico investiga otras posibles causas del retraso, el logopeda puede cuantificar el retraso y proporcionar al niño un tratamiento.

Retrasos motores en el lactante

El lactante desarrolla grandes habilidades motoras en un proceso continuo que evoluciona de manera progresiva y afecta a todo su organismo. El recién nacido no tiene un control significativo sobre los grupos musculares exten-

sos. Durante los dos primeros meses de vida, el lactante consigue controlar los músculos del cuello de modo que puede sostener la cabeza cuando se le coloca en decúbito prono. Hacia los 4 meses ya controla la cintura escapular, de manera que cuando se le sitúa en decúbito prono en una superficie plana puede levantar el pecho. Por lo general, hacia los 6 meses es capaz de sentarse sin apoyo y ha desarrollado el control de la cintura pélvica. Entre los 9 y los 12 meses hay una progresión desde quererse levantar a caminar sujetándose con las manos de un objeto fijo y, después, a andar sin apoyo. Los retrasos significativos en esta progresión pueden deberse a un déficit de un órgano sensorial (p. ej., ceguera), disfunción del SNC (p. ej., encefalopatía estática), enfermedades del sistema nervioso periférico (p. ej., enfermedad de la neurona motora inferior) o a enfermedades musculares. La historia clínica y la exploración neuromuscular ayudarán a diferenciar estas causas.

Intervención precoz

Las limitaciones identificadas en fases precoces de la vida permiten aplicar un enfoque sistemático que debe dirigirse a todas las necesidades del niño y tratar de reducir al mínimo el estrés familiar causado por la limitación. Este planteamiento se denomina intervención precoz. En EE.UU., por orden federal los equipos de intervención precoz los crean los sistemas escolares. Estos equipos suelen estar formados por personal de enfermería, asistentes sociales, fisioterapeutas, terapeutas ocupacionales, logopedas y educadores. Para obtener el mejor resultado posible en el niño con retraso del desarrollo es necesaria una colaboración estrecha entre el equipo y el médico de familia. Éste debe saber cómo derivar a los niños al programa de intervención precoz local y ha de comunicarse abiertamente con los miembros del equipo.

Trastornos del desarrollo en el niño en edad preescolar y escolar

El desarrollo nervioso se adquiere a lo largo de un proceso continuo que oscila desde habilidades superiores en todas las áreas (niños dotados) a un retraso grave de las habilidades en la mayoría de las áreas (retraso mental). Se dice que

los niños con habilidades del desarrollo medias o por encima de la media (inteligencia normal) presentan una incapacidad para el aprendizaje cuando muestran una o más debilidades significativas que les impiden alcanzar los logros académicos del nivel que cabría esperar, considerando su inteligencia global.

Cuando se sospecha que los niños presentan habilidades superiores o cuando no consiguen buen rendimiento educativo, se realizan pruebas psicométricas formales (test de inteligencia y de rendimiento académico); después se pueden aplicar las calificaciones antes mencionadas y realizar cambios en el plan de estudios. En su papel de defensor del niño, el médico de familia debe ayudar a que la escuela, mediante la modificación apropiada del plan de estudios, ayude a todos los niños a alcanzar su máximo rendimiento. Cuando se detectan minusvalías importantes en el desarrollo nervioso, el médico de familia debe garantizar que el niño se someta a una evaluación médica apropiada para determinar la causa de los retrasos.