Durezas y callos: tratamiento, causas, síntomas, diagnóstico y prevención

Las durezas y los callos aparecen ante la existencia de anomalías en los pies, uso excesivo o utilización de calzado que ajuste incorrectamente, y como consecuencia de presiones, aplicación de fuerzas en cizalla y fricciones. Algunas anomalías de los pies como los juanetes, dedos en martillo o en garra, metatarso elevado, pie cavovaro (arco elevado con retropié invertido) o planovalgo (arco plano con retropié evertido) y la posición del tobillo en varo o en valgo favorecen el desarrollo de durezas y callos,3 que consisten en una proliferación anormal de la queratina en el estrato córneo de la epidermis. Las durezas se producen como consecuencia de una presión anormal y se suelen localizar en las superficies que no soportan peso. Por el contrario, los callos son engrosamientos de la epidermis sobre las zonas que soportan peso.

Presentación clínica

La evaluación de las durezas y de los callos comienza con una exploración completa del pie y del tobillo afectados, en busca de datos sobre anomalías estructurales. La evaluación inicial se sigue de una exploración más detallada de la dureza o del callo. Las durezas localizadas sobre los cóndilos en los espacios interdigitales se conocen como “durezas blandas”. Por lo general se deben a la utilización de calzado que comprime excesivamente el dedo del pie en sentido transversal. Las “durezas duras” se localizan sobre todo en la cara dorsoexterna del quinto dedo, tienen límites precisos y pérdida de los surcos dérmicos normales. Suelen asentar sobre prominencias óseas o se deben a la compresión ejercida por los zapatos sobre la punta de los dedos. Las durezas son dolorosas cuando se aplica sobre ellas una presión directa. Los callos se localizan sobre el talón y sobre la cabeza de los metatarsianos o sobre los huesos sesamoideos del primer dedo. Como sucede con las durezas, los callos pueden producir dolor e interferir en las actividades diarias del enfermo.

En el paciente diabético o en el que padece una enfermedad arterial periférica, las durezas y los callos pueden producir una significativa morbididad fundamentalmente por la menor percepción del dolor y el mayor riesgo de rotura e infección de los tejidos.

Tratamiento

El primer paso del tratamiento conservador de estas lesiones consiste en la eliminación de la presión. Si existe una anomalía en el pie, como una pronación excesiva, la utilización de aparatos ortésicos disminuye la presión y puede hacer desaparecer la lesión. En las personas con durezas blandas, el uso de zapatos con una horma más ancha o la

utilización de lana entre los dedos reduce el dolor. Si el problema se localiza sobre todo en la planta del pie, sobre las cabezas de los metatarsianos, resulta útil emplear zapatos de tacón bajo con almohadillado o apoyos metatársicos.

Los métodos para eliminar el exceso de queratina consisten en utilizar fármacos queratinolíticos como el ácido salicílico y limpiar la lesión con una cuchilla afilada. Los pacientes, excepto los diabéticos, deben aprender a rebajar sus propias lesiones con piedra pómez.

Cuando con el tratamiento conservador no se pueden controlar los síntomas, será necesario acudir al cirujano. El procedimiento quirúrgico deberá corregir la causa más que limitarse a eliminar la zona hiperqueratósica. Existen varios procedimientos que sirven para realinear las cabezas de los metatarsianos, reducir los dedos en martillo, eliminar osteó-fitos o cóndilos metatársicos y corregir los dedos en garra.