Distensiones del cuádriceps y los músculos de la región posterior del muslo: tratamiento, causas, síntomas, diagnóstico y prevención

Los mecanismos de lesión comunes en el muslo comprenden fuerzas de tensión excesivas (esguinces) y fuerzas de compresión con alta velocidad (contusiones, hematomas). El cuádriceps puede experimentar sobrecarga considerable en caso de contracción forzada de los extensores de la rodilla contra una resistencia. Esta situación se produce con frecuencia al contactar con el suelo después de un salto, al resbalar o cuando el pie es sujetado por un obstáculo mientras el individuo intenta golpear un balón. La lesión más común es la del recto femoral y de modo habitual se produce en la unión musculotendinosa distal. El recto femoral es el más central y superficial de los músculos del cuádriceps en la parte anterior del muslo, y su porción distal se encuentra en el borde de la rodilla flexionada. La lesión del cuádriceps puede cursar con un área dolorosa y tumefacción visible en la zona del desgarro muscular. Se produce dolor con la contracción activa y la extensión pasiva. El aislamiento de este músculo se obtiene mejor en decúbito prono con un ligero movimiento de flexión pasiva. En posición prona, la prueba de Ely se realiza con flexión pasiva de la rodilla hasta 90° mientras se observa la cadera afecta. La flexión espontánea de la cadera del lado afecto con esta maniobra representa una prueba positiva, y demuestra la tensión del recto femoral a causa del espasmo. Tiene importancia descartar el arrancamiento de músculos o tendones, en especial de los tendones del cuádriceps y el rotuliano.20

El tratamiento de la distensión o contusión muscular está dirigido a evitar el aumento de la lesión y disminuir la cantidad de hemorragia mediante reposo, inmovilización, hielo, vendaje compresivo y elevación. En general no está indicada la aspiración del hematoma, ya que el organismo reabsorbe de forma espontánea ese fluido y la punción aumenta el peligro de infección. Si el hematoma causa presión excesiva, lo que podría crear un síndrome de compartimento, se puede recurrir a la aspiración electiva por personal entrenado. La miositis osificante es una complicación de la contusión y el hematoma significativos en el muslo. El tratamiento agudo se basa en reposo, inmovilización, hielo, vendaje compresivo y elevación con atención especial a la compresión. Si persiste la hipersensibilidad, las radiografías obtenidas a las 3 o 4 semanas quizá muestren densidades floculares semejantes a un callo. En el 60 % de los casos se producen cambios reactivos periósticos.21

La rotura del tendón del cuádriceps se puede deber a un salto en posición desequilibrada que origina una carga excéntrica sobre el músculo contraído. La exploración puede revelar gran hemartrosis con hinchazón, hipersensi-bilidad y quizás un defecto palpable. Los desgarros incompletos se pueden tratar con medidas conservadoras: férulas, muletas y modificación de la actividad. En los desgarros completos es preferible recurrir a la reparación quirúrgica dentro de las primeras 48 a 72 horas para conservar el mecanismo extensor de la rodilla.

Las contusiones se producen en caso de golpe directo sobre el muslo que conduce a hematoma muscular por rotura capilar, edema, infiltración y hemorragia infiltrante. Los mejores resultados se obtienen con la intervención precoz, que comprende flexión completa de la rodilla (estiramiento), reposo del miembro, aplicación periódica de hielo, recuperación de la movilidad con ejercicios de flexión precoces y más adelante rehabilitación vigorosa.22 La complicación más problemática de las contusiones del muslo es el desarrollo de miositis osificante, que puede ocurrir en el 9 % al 20 % de los casos.23 Esta complicación aparece con bastante rapidez después de contusiones intensas y se manifiesta por hipersensibilidad, calor y pérdida del arco de movilidad (ADM) del área afecta. Las calcificaciones que conducen a un efecto de masa con “zonifi-cación” (aparición de un reborde de hueso inmaduro alrededor de una zona central celular muy indiferencia-da),22 representan un hallazgo radiográfico precoz. El riesgo de osificación muscular heterotópica guarda relación directa con la gravedad del traumatismo. Las contusiones más leves se asocian con peligro mínimo y las graves conllevan un riesgo más alto. Suelen estar indicadas la exploración quirúrgica y la resección del hueso heterotópico maduro, una vez que se confirma la disminución de la actividad ósea mediante gammagrafía ósea, habitualmente al cabo de varios meses.24

La región posterior del muslo constituye una localización frecuentes de esguinces, sobre todo del fascículo corto del bíceps. Estas lesiones de los músculos de la región posterior del muslo se deben con frecuencia a movimientos de alta velocidad, como carreras cortas o salto de vallas. La zona medial del muslo experimenta con frecuencia esguinces y más rara vez contusiones, ya que se encuentra relativamente protegida. La región lateral está más expuesta a las contusiones. El tensor de la fascia lata en la parte lateral del muslo puede experimentar esguinces a causa del uso excesivo crónico, por ejemplo en corredores sobre curvas pronunciadas o superficies niveladas. Cuando se atiende a pacientes con lesiones del muslo tiene importancia descartar la presencia de síndromes de compartimento y de seu-doaneurismas traumáticos.