Diabetes mellitus del deportista: tratamiento, causas, síntomas, diagnóstico y prevención

La diabetes mellitus es una enfermedad frecuente que se observa en casi el 5 % de la población norteamericana. A los pacientes con diabetes mellitus (de tipos 1 o 2) que son deportistas jóvenes o adultos que realizan actividad física, hay que aconsejarles que, después de pasar por un reconocimiento y bajo la supervisión de su médico, pueden seguir participando en actividades físicas y en deportes organizados.31 Se sabe que el ejercicio físico se asocia a una captación de glucosa independiente de la acción de la insulina, lo cual hace que, en los pacientes con diabetes de tipo 1, mejore el control de su glucemia y disminuyan las necesidades de insulina exógena. El riesgo de hipoglucemia grave no es mayor mientras se realiza una actividad física extenuante, sino durante las horas siguientes. La hipoglucemia puede aparecer al cabo de 6-14 horas tras el ejercicio como consecuencia de la depleción de los depósitos musculares de glucógeno. Para prevenir estas hipoglucemias en el diabético de tipo 1, lo mejor es controlar de cerca la glucemia del paciente y ajustar las unidades de insulina y la ingesta calórica que necesita tras realizar estas actividades físicas enérgicas.

En el diabético de tipo 2, el ejercicio físico es un aspecto esencial en el tratamiento de la enfermedad. Dos mecanismos por los que la actividad física puede mejorar el control de la glucemia en estos pacientes son la pérdida de

peso y el aumento de la sensibilidad a la insulina. Las investigaciones sobre el concepto del “cuarteto de la muer-te”27 o “síndrome X”, como lo ha denominado Reaven,31 sugieren que la diabetes de tipo 2, la hipertensión, la obesidad y la hiperlipidemia pueden coexistir en forma de una condición fisiológica común y, además, que la realización de una actividad física moderada sería beneficiosa para tratarla. Así, en los diabéticos de tipo 2 los niveles moderados de actividad física mejorarían el control de la glucemia y producirían una disminución de la resistencia, un aumento de la sensibilidad y una reducción de los niveles séricos de la insulina. Esta hipoinsulinemia se asociaría a una hi-potonía simpática que, a su vez, contribuiría también a mejorar el control de la glucemia y a disminuir la presión arterial, la obesidad y los niveles de lípidos.

Es evidente que en la mayoría de los diabéticos los beneficios del ejercicio físico son claramente superiores a sus riesgos. Los principales riesgos a corto plazo, asociados al ejercicio, son los problemas relacionados con el control de la glucemia. Sin embargo, tampoco hay que ignorar los riesgos a largo plazo de la diabetes mellitus (cardiopatía isquémica) en el tratamiento cotidiano de los aspectos más puntuales; por lo tanto, al tratar el tema del ejercicio físico hay que tener siempre en cuenta la amenaza de la cardio-patía isquémica. En el diabético asintomático que realiza un ejercicio físico intenso, quizás está justificado solicitar una prueba de esfuerzo.

Hay que recomendar a la mayoría de los diabéticos la realización de ejercicio físico, aunque siempre bajo un estrecho control, vigilancia y supervisión de su médico. Los beneficios tanto fisiológicos como psicológicos del ejercicio físico que tiene un diabético, pueden modificar los factores de riesgo asociados a la enfermedad, controlarla mejor y conseguir que el paciente se sienta mejor. Hay que recomendar y animar al diabético a que realice ejercicio físico, pero recordando que el médico de familia ha de colaborar estrechamente con él cuando realice actividades físicas enérgicas. Los aspectos clave para el tratamiento eficaz de esta enfermedad son el seguimiento estrecho del paciente y el control meticuloso de las dosis de insulina, la dieta y los programas de ejercicio físico.