Dermatofitosis: tratamiento, causas, síntomas, diagnóstico y prevención

Las dermatofitosis, o tiñas, son las infecciones micóticas más frecuentes en la consulta de un médico de familia. La localización de la infección determina el nombre de la en-

fermedad de la siguiente forma: tinea capitis (porción capilar de la cabeza), tinea barbae (barba), tinea faciei (cara), tinea corporis (cuerpo), tinea cruris (ingle), tinea manus (mano), tinea pedis (pie) y tinea unguium (uñas). Las infecciones micóticas suelen ser pruriginosas, siendo el síntoma que suele llevar al paciente a la consulta. Los agentes etiológicos más frecuentes de estas enfermedades son algunas especies de Trichophyton, especialmente T. menta-grophytes. Muchas de las especies de Trichophyton se encuentran en los animales domésticos, y su transmisión a partir de éstos es frecuente en los niños.33

La tinea capitis es la que se observa con mayor frecuencia en lactantes y niños pequeños. Se observan lesiones circulares con un borde bien definido que presentan una zona clara central. Cuando los hongos han penetrado en profundidad alrededor de los folículos, puede aparecer una lesión inflamatoria nodular, conocida como querion. La microsporosis es una variante no inflamada de tinea capitis debida a Microsporum andouinii. La microsporosis es más frecuente en muchachos en edad escolar y es contagiosa en esta población. En la microsporosis se observan placas de color blanco sucio sin ningún pelo que se vuelven con-fluyentes, con pelos rotos por encima del cuero cabelludo. Las lesiones de microsporosis presentan fluorescencia bajo la luz de Wood con un color blanco verdoso, y esta característica es útil para distinguir esta enfermedad de otras formas de alopecia. Se deben obtener cultivos de los hongos para ayudar a establecer el tratamiento y confirmar el diagnóstico de tinea capitis (tiña tonsurante). Esta clase de tiña precisa tratamiento sistémico, y las lesiones muy inflamadas se deben tratar por lo general con esteroides sistémi-cos o intralesionales.10 Por ejemplo, en las lesiones pequeñas y no inflamatorias de los niños se puede utilizar un imidazol potente por vía tópica mientras se espera el resultado de los cultivos. En los adultos suele ser necesario administrar griseofulvina (micronizada), 500 mg por vía oral una vez al día al menos, durante 6-12 semanas (algunos especialistas aconsejan 500 mg, 2 veces al día); en niños se administran 11 mg/kg/día. También es útil el ketoconazol, 200 mg/día en adultos, 50 mg/día en niños con menos de 20 kg de peso y 5 mg/kg en los que pesan más de 20 kg. Los nuevos medicamentos, como el itraconazol, también son eficaces.

La tinea barbae se manifiesta al principio como una fo-liculitis pustulosa que afecta la barba. La infección se extiende ampliamente en esa zona y hace que los pelos de la barba parezcan polvorientos y con mechas que salen de una base pustulosa. La enfermedad puede durar más de 6 semanas y en algunas ocasiones se acompaña de síntomas generales leves. De forma gradual y quizá como consecuencia de una respuesta inmunitaria, la enfermedad se cura sin dejar cicatriz. Esta enfermedad es infrecuente en la actualidad y se asocia casi siempre a personas que tratan con animales, pero aún debe pensarse en ella cuando se trata de establecer el diagnóstico diferencial de las lesiones faciales pustulosas. Es un proceso autolimitado que se trata igual que la tinea capitis.

La tinea corporis y la tinea faciei se observan sobre todo en niños. Son lesiones de bordes rojizos, escamosos y sobreelevados que rodean una zona central descolorida pero

a menudo escamosa (fig. 116.7). Este aspecto clásico de la tiña es característico, aunque se aconseja la confirmación mediante descamación y prueba con KOH. Por lo general basta con un tratamiento tópico basado en cremas de imi-dazol. Sin embargo, si la infección es refractaria, está justificado el uso de griseofulvina o ketoconazol, como en la tinea capitis.

La tinea cruris, también conocida como “prurito del jinete”, suele afectar la región inguinal, la región perianal y la parte superointerna de los muslos, aunque respeta el escroto y el pene (fig. 116.8). También pueden estar afectadas otras zonas intertriginosas, como las axilas. Es más frecuente en personas obesas o en las que sudan de forma excesiva. Se confunde fácilmente con el eritrasma y su distinción tiene consecuencias terapéuticas. Se recomienda la confirmación mediante cultivo de hongos en los casos re-

fractarios. El eritrasma también presenta una fluorescencia característica de color rosa-coral bajo la luz de Wood y esta prueba puede ser útil. La tinea cruris responde bien por lo general a las cremas de imidazol, en particular si se aconseja también al paciente que use ropa interior de algodón y poco apretada. También pueden ser útiles los polvos de talco, pero debe evitarse su inhalación. Si existe una enfermedad refractaria, está justificada la utilización de griseo-fulvina, ketoconazol o itraconazol tal y como se ha descrito para la tinea capitis, aunque limitando el tratamiento a 2 semanas de duración.

La tinea pedis puede que sea la lesión cutánea más frecuente en Norteamérica y Europa, estimándose en un 15-30 % la población afectada2 (fig. 116.9). Aunque mucho menos común que la tinea pedis, la tinea manus es una enfermedad similar, por lo que se comentan conjuntamente. Estas enfermedades se manifiestan de tres formas que están presentes en algunas ocasiones en determinados pacientes. La primera es la variedad intertriginosa, en la que se afectan en primer lugar los espacios intertriginosos; se observa maceración y formación de grietas en los espacios interdigitales. También se reconoce una segunda variedad con hiperqueratosis escamosa. En tal caso aparecen zonas irregulares, pero bien definidas, de hiperqueratosis en la planta del pie, en los talones o en los extremos de los dedos de los pies (tinea pedis) o en las palmas y en las superficies volar y lateral de los dedos de las manos (tinea manus). En la tercera variedad pueden formarse vesículas dishidróticas pruriginosas. Esta variedad dishidrótica afecta las mismas superficies que la forma hiperqueratósica. El tratamiento consiste en aplicar cremas imidazólicas, reducir la transpiración y evitar prendas de vestir oclusivas, como botas o guantes de goma. Si aparece una enfermedad refractaria está justificado administrar griseofulvina, ketoconazol o itraconazol en la forma indicada para la tinea capitis.

La tinea unguium recibe también el nombre de onico-micosis. Esta enfermedad invade la placa ungueal, lo que genera unas uñas gruesas, hiperqueratósicas y quebradizas. Las uñas de los pies se ven implicadas con más frecuencia que las de las manos. Las alteraciones de la uña aparecen primero en la región distal para desplazarse posteriormente al lecho ungueal. Esta progresión retrógrada del proce-

so ayuda a distinguirlo de la psoriasis, que, por lo demás tiene un aspecto similar.33 Por lo general la discapacidad funcional es escasa y los pacientes buscan ayuda médica por razones estéticas. La infección es persistente y presenta una notoria dificultad para su tratamiento. Si se pretende la curación, se requiere tratamiento por vía sistémica, pero las recidivas ocurren a menudo. El itraconazol parece útil en el tratamiento de esta enfermedad rebelde.