Dermatitis atópica: tratamiento, causas, síntomas, diagnóstico y prevención

La dermatitis atópica (DA) es una enfermedad cutánea recidivante de carácter crónico, muy frecuente, con una incidencia estimada del 10 % en EE.UU. Suele aparecer durante la infancia, de tal forma que en el 85 % de los casos se desarrolla durante los 5 primeros años de la vida.7 La enfermedad se manifiesta con prurito intenso y características morfológicas variadas. Se ha descrito como “el picor que produce exantema”. Aunque la DA se identifica generalmente como una enfermedad aislada en algunas personas, a menudo se trata de una manifestación de un proceso multisistémico de atopia, constituido por asma, rinitis alérgica y dermatitis atópica (capítulos 36 y 83). La presencia de un antecedente familiar o personal de atopia es un elemento clave para realizar el diagnóstico.

Existe cierta controversia sobre el papel del sistema in-munitario y la alergia en la DA. Los enfermos sufren algún tipo de anomalía en el sistema inmunitario celular (un defecto de las células T), porque son más vulnerables a las infecciones víricas (y fúngicas) de la piel, sobre todo al herpes simple, molusco contagioso y papiloma.8,9 No obstante, pese a que cerca del 80 % de los enfermos con DA presentan niveles elevados de inmunoglobulina E (IgE), no existen pruebas concluyentes de que la alergia desempeñe

una función patogénica esencial.10 Así pues, aunque muchos piensan erróneamente que su piel es alérgica a casi todo, han de saber que este proceso no supone una verdadera alergia sino más bien una reacción de una piel genéticamente anormal ante los estímulos ambientales.

La erupción es eccematosa y por lo general simétrica; es eritematosa, con pápulas y placas, y a menudo se acompaña de alteraciones secundarias, como excoriaciones y liquenificación. Las excoriaciones persistentes pueden ocasionar una infección bacteriana secundaria que se reconoce por la presencia de lesiones más exudativas y costrosas. En los niños y lactantes, la DA se observa generalmente en la cara y las zonas de extensión, mientras que en niños mayores y adultos aparece en las zonas de flexión de las fosas poplítea y antecubital, así como en el cuello y las muñecas (fig. 115.1). Los pacientes con DA suelen manifestar muchos otros rasgos, como una xerosis generalizada, quei-litis, dermatitis en manos, aumento de las líneas palmares e hipersensibilidad a la lana y a los disolventes lipídicos (p. ej., lanolina).8

El tratamiento de la dermatitis atópica se debe iniciar con medidas para humidificar la piel. Los baños, sólo los imprescindibles, se deben realizar con agua fría o templada y jabón suave o con un sucedáneo del jabón. Inmediatamente después del baño y tras secar la piel percutiendo suavemente con la toalla, se debe aplicar un emoliente que facilite la conservación de la humedad. El emoliente no debe tener aromas, alcohol ni lanolina y se debe utilizar a diario para mantener la piel bien lubricada. Si existe alguna zona con una afectación particularmente intensa durante un brote agudo, se pueden aplicar apósitos húmedos con una solución de acetato de aluminio (solución de Bu-row) dos o tres veces al día.8 Si la zona afectada presenta piel seca y sin signos de inflamación, la aplicación de un hidratante con ácido láctico puede hacer innecesaria la utilización de esteroides.

Resulta importante calmar el prurito intenso. Se pueden reducir las excoriaciones en los niños si se les cortan las uñas o se les ponen manoplas cerradas por la noche. Los esteroides tópicos pueden controlar el proceso inflamatorio. Se aconseja utilizar la dosis más baja posible pero, a menudo, se requieren cremas de gran potencia para las zonas liquenificadas. En lactantes y niños se puede mantener por lo general un control adecuado con una crema o pomada de hidrocortisona del 0,25 al 2,5 %, aplicada dos o tres veces al día. En los casos más intensos y en los adultos puede ser necesario emplear una crema o una pomada de triamcinolona al 0,1 % (o un esteroide de potencia equivalente). Tan sólo en contadas ocasiones se utilizarán este-roides fluorados. El prurito intenso puede ser controlado con antihistamínicos como la difenhidramina o la hidroxi-cina, cuya dosis se ajusta para compensar el efecto antipru-riginoso con el sedante. El clorhidrato de doxepina en crema al 5 % posee efectos bloqueantes H1 y H2 intensos y calma el prurito sin los problemas asociados al uso tópico crónico de esteroides; sin embargo, la absorción de este medicamento puede provocar somnolencia en algunos pacientes, en especial si se aplica sobre una zona amplia de la piel.11 Los antihistamínicos no sedantes son preferibles cuando se presenta somnolencia; entre ellos se encuentran

el astemizol, la loratidina, la terfenadina y el nuevo fármaco, la cetiricina. Si se observa un empeoramiento brusco de la DA hay que sospechar una infección secundaria o una posible dermatitis por contacto.12 En caso de infección secundaria se emplearán antibióticos que cubran el Staphylococcus aureus. Entre las alternativas cabe citar la dicloxa-cilina, la eritromicina, la cefalexina y la mupirocina por vía tópica. Si fracasan estas medidas parece razonable controlar los factores desencadenantes concretos, como alimentos, alergenos o irritantes de contacto, ácaros del polvo, hongos o incluso problemas psicológicos.13

Esta enfermedad puede generar un grado elevado de ansiedad y frustración, tanto en los pacientes como en sus padres, y el estrés puede agravarla aún más. Los factores psicológicos agravan a veces este estado, pero conviene subrayar que no se trata de una enfermedad “causada por los nervios”, es un proceso hereditario que empeora con el estrés emocional. Resulta importante proporcionar apoyo psicológico a la familia afectada. Aunque los niños que padecen la enfermedad pueden parecer “frágiles”, no lo son, y puede que necesiten desesperadamente un trato afectuoso que les ayude a eliminar sus propias ansiedades relacionadas con la enfermedad.14