Conversaciones sobre sexualidad en la consulta con los adolescentes

Varios estudios han demostrado que los adolescentes acogen bien las conversaciones sobre sexualidad con los médicos y que éstas marcan diferencias en las decisiones correctas que toman sobre su conducta sexual. Puede intuirse que no mantener estas conversaciones con los jóvenes no les puede ayudar a tomar decisiones correctas y que ofrecer información y la oportunidad para hablar sobre el tema de la sexualidad con un profesional sanitario bien informado y preocupado por el tema no les va a resultar nocivo. Teniendo en cuenta la morbididad de las conductas sexuales con riesgo es obvia la importancia que tiene encontrar oportunidades durante la visita de rutina con el adolescente para conversar sobre el desarrollo físico, emocional y sexual. El rechazo por parte de los médicos a hablar sobre sexualidad con los adolescentes en la consulta se debe a varios factores, como la falta de información, la incomodidad sobre cómo iniciarla, la creencia de que estas charlas no son buenas o desencadenan una conducta sexual problemática y la falta de pago por el tiempo que emplean en ellas.

Antes de iniciar una conversación con un paciente joven sobre aspectos sexuales, debe quedar clara la confidencialidad de la relación médico-paciente. Lo ideal es que este aspecto se inicie ya al comienzo de la adolescencia,

estando los padres presentes en la consulta, para pasar más adelante a las conversaciones privadas. El médico es útil en este sentido si se considera un profesional más que, junto con otros, ayuda a los jóvenes a abordar las preocupaciones sobre su salud, incluidos los aspectos relacionados con la sexualidad. A menos que exista una amenaza grave para la salud o la vida del joven, son pocos los padres que no permiten a un médico de familia en quien tienen confianza mantener una conversación privada con sus hijos. La American Academy of Family Physicians ha publicado un documento que puede servir como guía sobre la confidencialidad que se debe mantener con los jóvenes y que es útil tanto para ellos como para sus padres; en él se perfilan los límites de este consenso mutuo de privacidad. En el Apéndice A se muestra un formulario de consentimiento que los padres pueden firmar para demostrar que respetan la necesidad de confidencialidad entre su hijo o hija y el médico de familia.

En las conversaciones sobre sexualidad en la consulta, el médico debe guiarse más por el estadio de desarrollo del joven que por su edad cronológica. Al comienzo de la adolescencia, los jóvenes necesitan ser tranquilizados y asesorados sobre los cambios que experimenta su cuerpo, los cambios de las relaciones intrafamiliares y sobre el comienzo de un “desbordamiento” emocional que puede confundirlos a ellos y a los adultos. Hacia la fase media de la adolescencia, por lo general los jóvenes se enfrentan a temas como la necesidad de ajustarse en el seno de su grupo de compañeros, el inicio de la separación respecto a su familia y el aprendizaje de unas formas más “adultas” de interacción social. En esta fase, la percepción de los valores y de lo que hace su grupo de compañeros es probablemente el predictor más importante de si un adolescente realizará o no conductas similares. Así, si un joven de 15 años cree que la mayoría de sus compañeros mantienen ya relaciones sexuales, hay grandes probabilidades de que el chico o la chica se apresuren a realizar el primer coito, independientemente de que se sientan física o emocionalmente preparados para ello. Los jóvenes que eligen no mantener una vida sexual activa frente a la creencia de que la mayoría de sus compañeros la llevan, necesitan un refuerzo positivo por parte del médico para que comprendan su capacidad acertada de tomar decisiones “diferentes” a las del resto del grupo. Por último, hacia el final de la adolescencia las preocupaciones sobre la sexualidad se centran en las decisiones de mantener relaciones íntimas a largo plazo, en los objetivos para su familia, en una mayor comprensión y preocupación por la fragilidad del “amor adolescente” y en una mayor integración de las relaciones con sus compañeros respecto a los objetivos futuros de la vida. En la figura 23.1 se ofrece un esquema para realizar un cribado selectivo de los aspectos sexuales en la adolescencia.

El médico ha de tener también en cuenta otros posibles factores que pueden complicar las experiencias de un adolescente y que lo abocarán a mantener una actividad sexual precoz o problemática (consumo de sustancias de abuso, pobreza, problemas de rendimiento escolar, problemas familiares, bajo grado de autoestima). Finalmente, en cada visita de evaluación un objetivo fundamental es reforzar la actitud de los adolescentes para que protejan su salud.7

Dependiendo de la existencia o no de un aumento del riesgo para la salud, de si el joven está preocupado por aspectos que requieren un seguimiento más meticuloso o de si el adolescente mantiene ya unas relaciones íntimas que pueden requerir una posterior atención sanitaria, el médico debe hacer una evaluación individualizada de cada caso y especificar la frecuencia con que debe visitarle, si es preciso hacer visitas más a menudo para poder mantener conversaciones o simplemente asegurarse de que el chico

o la chica se sienten a gusto y que solicitarán una visita cuando necesiten o estén preocupados por un tema concreto. Considerando los problemas de salud de los adolescentes, relacionados con la conducta y la toma de decisiones sobre la sexualidad, no es excesivo visitar al menos una vez al año, o incluso con mayor frecuencia, a los que mantienen relaciones sexuales y son muy jóvenes o necesitan un mayor grado de asesoramiento, comentarios y evaluación.

La exploración del adolescente con respecto a su salud sexual depende de su madurez física, del nivel de actividad sexual y del reconocimiento de un motivo para realizarla. En los adolescentes más jóvenes, suelen ser suficientes unas exploraciones generales que sirvan para tranquilizarles y ofrecerles una oportunidad para hablar sobre los cambios físicos que experimentan. La decisión sobre el momento en que deben iniciarse las exploraciones ginecológicas en las adolescentes depende de la edad de su primer coito, de la presencia de síntomas ginecológicos o de la necesidad de anticonceptivos antes de tener su primera relación sexual. En las adolescentes que no han tenido relaciones sexuales, no son necesarias las exploraciones ginecológicas a menos que existan síntomas, que la chica esté preocupada o que sea preciso adoptar un método anticonceptivo. En los chicos, la exploración ofrece la oportunidad de asesorarles sobre los cambios físicos de su cuerpo, enseñarles a realizar la autoexploración testicular y hablar con ellos acerca de las posibles preocupaciones que les invadan referentes a las diferencias corporales y de maduración. El cribado de las enfermedades de transmisión sexual (ETS) en los adolescentes dependerá de si han tenido ya relaciones sexuales; así mismo, su frecuencia dependerá de la presencia de factores de riesgo. Los espéculos usados para la exploración ginecológica inicial de las adolescentes deben ser pequeños y no estar fríos; además, antes deberá explicárseles de manera adecuada en qué consistirá la exploración para reducir al mínimo las molestias físicas y psicológicas de las pacientes más jóvenes.