Coccidiomicosis: tratamiento, causas, síntomas, diagnóstico y prevención

Síntomas

El hongo Coccidioides está presente en las tierras semiáridas del sudoeste de EE.UU. Las tormentas de polvo, las actividades al aire libre y las construcciones nuevas aumentan el riesgo de infección. La infección primaria ocurre por inhalación de artrosporas y habitualmente es asintomática, pero hasta un 40 % de los pacientes presentan síntomas de la “fiebre de los valles” aguda, con tos, febrícula y, a menudo, artralgias o eritema nudoso. Algunos desarrollan enfermedad pulmonar progresiva o diseminada (los sitios de infección más comunes son las meninges, los huesos y articulaciones y los tejidos blandos). El riesgo es mayor entre las personas de raza no blanca, las mujeres embarazadas, los lactantes y los inmunodeprimidos. La radiografía de tórax es inespecífica, con infiltrados pasajeros y, en ocasiones, adenopatía hiliar o derrames pleurales. Pueden aparecer

nódulos múltiples o cavidades de paredes delgadas. En algunas ocasiones los frotis y los cultivos de esputo son positivos en los pacientes con radiografías de tórax anormales.

Diagnóstico

El mayor problema consiste en no sospechar el diagnóstico. La clave diagnóstica radica en el cultivo. Las pruebas se-rológicas también son de utilidad. El 75 % de los enfermos con una primoinfección elaboran anticuerpos IgM de forma pasajera. Los anticuerpos IgG, que aparecen más tarde, marcan la enfermedad extrapulmonar diseminada. Los cambios en el título de anticuerpos permiten controlar la evolución del proceso. Las reacciones cutáneas a la cocci-dioidina tienen un valor diagnóstico limitado; la anergia es frecuente y una prueba positiva puede ser indicativa de una infección antigua.

Tratamiento

La mayoría de los enfermos se recuperan sin ningún tratamiento. En caso de enfermedad diseminada se precisa quimioterapia de forma duradera. La base del tratamiento es la anfotericina B por vía intravenosa. Como ésta posee a menudo efectos secundarios, otra importante alternativa son los nuevos preparados antimicóticos derivados del azol (ketoconazol, itraconazol, fluconazol).25 Por desgracia, cuando se suspende el tratamiento azólico se observa una elevada tasa de recaídas; por este motivo, a veces se necesita un tratamiento supresor de forma indefinida.