Celulitis: tratamiento, causas, síntomas, diagnóstico y prevención

El término celulitis hace referencia a un grupo de enfermedades bacterianas agudas que se caracterizan por una infección diseminada de la epidermis y del tejido subcutáneo. La celulitis suele comenzar con una solución de continuidad en la piel, siendo importante la causa de la misma para determinar el tratamiento empírico. El paciente se queja de dolor, enrojecimiento y calor en la zona afectada. También son frecuentes los síntomas generales,

como la fiebre. La exploración revela un eritema cutáneo que carece del borde perfectamente delimitado de la erisipela. La zona infectada está caliente y edematosa y resulta dolorosa. La aspiración de la zona infectada para cultivo no suele dar resultado positivo. Sin embargo, en los pacientes con diabetes o infección por el virus de la inmunodeficien-cia humana (VIH), la aspiración de la lesión para cultivo es útil y resulta positiva con mayor probabilidad.12-15 La celu-litis está causada de manera característica por estreptococos del grupo A o por S. aureus. Asimismo la inoculación con otros numerosos gérmenes patógenos, como el Haemophilus influenzae o los vibrios marinos, puede provocar celulitis.

Por lo general el tratamiento de la celulitis consiste en la elevación de la región corporal afectada y en la administración de antibióticos. Como norma, está justificada la utilización de antibióticos antiestafilocócicos. Cuando los pacientes están inmunodeprimidos o presentan algún otro tipo de riesgo, se deben considerar otros gérmenes patógenos. El antecedente de traumatismo en aguas estancadas, seguido de síntomas de celulitis, exige un tratamiento inmediato que sea eficaz frente a diferentes vibriones halófi-los.16,17 Cuando se sospeche una infección por vibriones hay que establecer un tratamiento con tetraciclinas, junto a agentes antiestafilocócicos. Sea cual fuere el agente causal, tras un episodio inicial de celulitis el paciente permanece en una situación de riesgo de padecer una recidiva de la enfermedad en la misma zona, probablemente como resultado de la lesión de los linfáticos.

La celulitis que afecta los tejidos perioculares puede tener graves secuelas. Siempre que sea posible, se debe distinguir la celulitis periorbitaria (preseptal) de la orbitaria (postseptal), lo cual no siempre resulta una tarea fácil. Los signos característicos de una celulitis postseptal tardía son: proptosis, dolor al movilizar el globo ocular, quemosis intensa y fiebre. La celulitis postseptal es por lo general el resultado de la extensión de una sinusitis subyacente, mientras que la celulitis preseptal suele ser secundaria a un traumatismo de la zona periorbitaria. El Staphylococcus aureus, Streptococcus y Haemophilus influenzae son los patógenos que suelen provocar tanto la celulitis preseptal como la postseptal. La infección que afecta los espacios postseptales puede extenderse rápidamente y ocasionar una trombosis del seno cavernoso y de otras estructuras del sistema nervioso central (SNC). Así pues, la celulitis postseptal es una urgencia clínica que justifica el tratamiento hospitalario. Éste consiste por lo general en la administración intravenosa de una penicilina sintética resistente a la penicilinasa y de un aminoglucósido, habitualmente durante un mínimo de 7 días. También puede ser necesario el drenaje. En la celulitis preseptal puede ser necesario realizar drenaje, sin embargo, la protección anti-biótica suele estar limitada a una penicilina sintética resistente a la penicilinasa o a una cefalosporina como la cefu-roxima. En la lesión preseptal la hospitalización no suele ser necesaria.

La celulitis que afecta la cara o el cuello también plantea problemas especiales. Estas infecciones pueden ser el resultado de un traumatismo, aunque muchas son secundarias a una higiene dentaria deficitaria. Las infecciones relacio-

nadas con un foco odontogénico pueden extenderse rápidamente a los espacios submentonianos, así como a los laterales y retrofaríngeos. Con la afectación de los espacios perifaríngeos puede que se produzca un colapso de la laringe y síntomas generales graves. Está justificado el tratamiento agresivo con antibióticos y el drenaje quirúrgico.18 La antibioterapia se basa casi siempre en la penicilina para cubrir Bacteroides melaninogenicus, aunque también puede ser prudente añadir algún fármaco que sea eficaz frente a gérmenes anaerobios como el metronidazol o la clinda-micina.