Cáncer de ovario: tratamiento, causas, síntomas, diagnóstico y prevención

Epidemiología y etiología

Pese a la escasa frecuencia del cáncer de ovario, representa la cuarta causa de muerte por cáncer en la mujer. El programa Surveillance, Epidemiology, and End Results (SEER) del National Cancer Institute estima que en EE.UU. se diagnostican cada año 26.600 casos nuevos y que 14.500 mujeres mueren anualmente por la enfermedad. El cáncer de ovario ocupa el segundo lugar en cuanto a la incidencia de cánceres ginecológicos, pero produce más muertes que cualquier otro cáncer del aparato reproductor femenino. La tasa relativa de supervivencia a los 5 años de todos los estadios de la enfermedad aumentó del 36 % a tan sólo el 42 % entre 1973 y 1991. Desde comienzos de la década de los años 80 el descenso en la mortalidad general de las mujeres con cáncer de ovario debe atribuirse, sin ninguna duda, a la excelente supervivencia de las 1.400 enfermas diagnosticadas cada año de tumores germinales; estos tumores, relativamente raros, se pueden curar. El cáncer epitelial de ovario es la enfermedad maligna mortal más frecuente del aparato genital femenino. Dado que el 70 % de las mujeres presentan un estadio avanzado en el momento

del diagnóstico (estadios III o IV), el pronóstico del cáncer de ovario es generalmente malo. Como mucho, este grupo tiene una probabilidad de supervivencia del 15-20 % a los 5 años, a pesar del tratamiento agresivo. Si se aplica un diagnóstico y tratamiento precoces, la tasa de supervivencia relativa aumenta hasta un 90 %, pero el diagnóstico precoz es raro.71

La etiología del cáncer de ovario es desconocida; sin embargo, se ha asociado con factores hereditarios, ambientales, dietéticos, reproductores, endocrinos y víricos.72 Aunque la presencia de un antecedente familiar de cáncer de ovario aumenta 20 veces el riesgo de la mujer, el 95 % de las mujeres con cáncer de ovario no tienen antecedentes familiares de la enfermedad.73 Se piensa que el cáncer de ovario familiar se hereda con carácter autosómico dominante de penetración variable. Las mujeres familiares de primer grado (es decir, madre, hermana, hija) que comparten la mitad de los genes de la paciente tienen hasta un 50 % de probabilidades de desarrollar la enfermedad. Esta propensión contrasta con la incidencia del 1,4% (1 de cada 70) en las mujeres con antecedente familiar negativo de cáncer de

ovario.73

El embarazo y el consumo de anticonceptivos orales pueden proteger contra el cáncer de ovario.72 Por el contrario, la nuliparidad o la baja paridad y la ausencia de consumo de anticonceptivos orales se consideran factores de riesgo para padecer cáncer de ovario. El modelo desarrollado por Pike73 sugiere que el consumo durante 5 años de anticonceptivos orales combinados puede disminuir en un

50 % el riesgo de cáncer de ovario durante la vida. Otros posibles factores de riesgo son los antecedentes de cáncer de mama, endometrio o colon; las infecciones víricas como la rubéola y la parotiditis, los estrógenos no anticonceptivos, el grupo sanguíneo A, y pertenecer a la raza blanca o a un país industrializado.71

Pruebas de cribado

Muchas veces, el cáncer de ovario sigue una evolución “silente”, sin ningún signo ni síntoma hasta sus fases más avanzadas. Los cambios en el tratamiento producidos por la cirugía, la quimioterapia y la radioterapia apenas han mejorado la tasa de supervivencia.74 Por consiguiente, es posible que el problema sólo pueda resolverse insistiendo en la detección precoz. Young et al75 sugieren que si el cáncer se detecta cuando está confinado a la cápsula del ovario, puede mejorar el pronóstico después de la cirugía. Aunque la exploración de la pelvis forma parte importante del examen ginecológico, con frecuencia se pasan por alto las lesiones ováricas pequeñas. Bourne et al74 señalan que se ha tenido poco éxito con la culdocentesis o la ra-dioinmunogammagrafía como pruebas de detección precoz. Por consiguiente, el desarrollo de una prueba de cribado se ha centrado en los cambios de los antígenos relacionados con el tumor en la circulación periférica y en la ecografía pélvica y transvaginal.

Se ha investigado un antígeno asociado a una glucopro-teína del tumor, CA-125, como marcador de utilidad clínica. El nivel sérico de CA-125 es superior a 35 U/ml en el

80 % de las mujeres con cáncer de ovario.73 En los tumores benignos de ovario, salpingitis, endometriosis, enfermedades gastrointestinales benignas como cirrosis o pancreatitis y otras enfermedades malignas del páncreas, hígado, estómago, pulmones, colon y recto o incluso mama puede aumentar notablemente el CA-125.76 Sin embargo, el nivel de las pacientes con un tumor en estadio I en el momento de la cirugía es inferior al 50 %. Por consiguiente, esta prueba no dispone de suficiente especificidad para satisfacer los criterios de una prueba de cribado. El CA-125 también es útil para vigilar la respuesta al trata-miento.77

Campbell et al78 propusieron el cribado del cáncer de ovario con ecografía. La técnica nueva de ecografía trans-vaginal mejora la calidad de las imágenes, lo que puede aumentar la detección de alteraciones ováricas.74 Cuando se detecte una alteración ecográfica se debe repetir la exploración para evitar la resección de ovarios que simplemente están sufriendo cambios fisiológicos transitorios.

Avances en el tratamiento

En la actualidad el tratamiento de las pacientes con cáncer de ovario avanzado consiste en cirugía seguida de quimioterapia sistémica con una combinación que contenga pla-tino.79 Dado que la tasa de respuesta es limitada se están investigando diversas modalidades, y sin ninguna duda se necesitan nuevos tratamientos.80 Durante la mayor parte de su evolución, el cáncer de ovario permanece confinado a la cavidad abdominal. Por este motivo, la administración intraperitoneal de agentes citotóxicos tiene muchas ventajas teóricas sobre la administración sistémica.

Se está investigando el desarrollo de agentes biológicos capaces de superar los patrones de resistencia de los tumores tratados parcialmente con quimioterapia.79 Se pueden utilizar conjugados de anticuerpos monoclonales para localizar el tumor y para administrar sustancias citotóxicas en las células tumorales. Se han utilizado los interferones por vía sistémica e intraperitoneal. En la actualidad se están llevando a cabo ensayos clínicos con otras sustancias biológicas como la interleucina-2, el factor de necrosis tumoral y las células citolíticas activadas por las linfocinas. También se examina la aplicación de algunos compuestos en tratamiento fotodinámico.

Conclusión

La información contenida en este capítulo lleva a una conclusión evidente: es fundamental prevenir y diagnosticar precozmente estas lesiones en la consulta para reducir la mortalidad. La prevención se basa en educar a las mujeres acerca de los signos precoces de alarma de los distintos trastornos del aparato reproductor, leer constantemente la Bibliografía referida a los avances en las técnicas de cribado y tratamiento y ser conscientes de que muchos de estos cánceres pasan desapercibidos, pese a todos los esfuerzos.

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