Caídas en el anciano: tratamiento, causas, síntomas, diagnóstico y prevención

Las caídas son sucesos frecuentes que alarman y preocupan tanto a los pacientes como a sus familiares y a los médicos. Aunque la mayoría de las caídas de los ancianos no presentan consecuencias graves, algunas provocan fracturas de cadera, otras lesiones y en raras ocasiones la muerte. Las lesiones no intencionadas representan la sexta causa principal de muerte en los ancianos y la mayoría de ellas se deben a las caídas.3 Con frecuencia motivan cambios del estilo de vida o una acusada limitación de las relaciones sociales de los pacientes. Algunos estudios han esclarecido cómo debe realizarse la evaluación y el tratamiento de los pacientes que sufren caídas.4

Suele ser fácil descubrir y tratar la causa de una caída que ocurre a consecuencia de una pérdida de la consciencia, accidente vascular cerebral, convulsiones o golpes accidentales o intencionados. Sin embargo, en la mayoría de las ocasiones la causa de una caída no es evidente. Las caídas pueden clasificarse como: extrínsecas (causadas por resbalones o al tropezar), intrínsecas (causadas por trastornos de la marcha, del equilibrio, sensoriales, propioceptivos o cognitivos), no producidas en bipedestación (p. ej., caerse de la cama) e inclasificables. Según estudios prospectivos, los factores de riesgo de las caídas son: edad avanzada, raza

blanca, trastornos cognitivos, tratamientos farmacológicos, enfermedades crónicas (como la artrosis y la enfermedad de Parkinson), trastornos del pie, mareo y trastornos de la fuerza muscular, de la marcha y del equilibrio.4 Aunque los pacientes que caen a menudo es probable que tengan más de un factor de riesgo, existe un número significativo de ancianos que sufren caídas y no tienen factores de riesgo. También pueden presentarse en forma de una caída las enfermedades agudas, como la neumonía, la sepsis y la insuficiencia cardíaca congestiva.

La mayoría de las caídas tienen lugar en la propia casa del anciano, y el mismo ambiente domiciliario suele ser un factor que contribuye a ellas. Muchas caídas ocurren en las escaleras, más a menudo al bajarlas que al subirlas. Otros peligros son los cables eléctricos, las superficies rugosas (p. ej., alfombras o alfombrados con arrugas) y los objetos dejados en el suelo. Una mala iluminación puede contribuir también a estos peligros.

El tratamiento farmacológico es un factor de riesgo de las caídas que se puede modificar con facilidad. Así, se asocian a un aumento del riesgo de caídas las benzodiacepinas de acción prolongada, los barbitúricos, los antidepresivos tricíclicos y los neurolépticos. Los diuréticos y otros antihi-pertensivos también pueden aumentar el riesgo de caídas al producir hipotensión postural (v. más adelante y el capítulo 75).

Se han realizado numerosos estudios con objeto de examinar posibles métodos para reducir las caídas y las lesiones asociadas a ellas. Aunque del ejercicio físico de baja intensidad parece disminuir la frecuencia de las caídas, puede no reducir el número de caídas debidas a tratamiento médico5 o a fracturas.6 El estudio multicéntrico FICSIT (Frailty and Injuries: Cooperative Studies of Intervention Techniques) ha demostrado una ligera disminución de la frecuencia de las caídas en los grupos que se sometieron a diversas intervenciones consistentes en la realización de ejercicios.7 En uno de los centros del FICSIT se empleó un programa multidisciplinario para identificar y reducir los factores de riesgo de las caídas. El grupo de intervención fue sometido a evaluación de los peligros ambientales, revisión del tratamiento farmacológico, tratamiento de la hipotensión postural y fisioterapia para mejorar la fuerza muscular y para tratar posibles trastornos de la marcha o del equilibrio. Al año siguiente, la tasa de caídas se había reducido en el 31 %.8

Es necesario disponer de más información sobre intervenciones útiles para reducir el riesgo de caídas en los ancianos. Aunque pueden usarse los factores de riesgo conocidos para identificar a los ancianos y realizar las debidas intervenciones, puesto que algunos ancianos sin factores de riesgo también sufren caídas, quizá lo que debe hacerse es un cribado en toda esta población. En la actualidad las estrategias eficaces de que dispone el médico son las siguientes: a) hacer una evaluación en el domicilio del paciente para eliminar peligros ambientales, como alfombras arrugadas, escaleras sin iluminación o muebles mal colocados (la evaluación puede hacerla el mismo médico durante una visita o un equipo de atención domiciliaria); b) revisión de todos los fármacos que toma el paciente y si es posible eliminar los más problemáticos; c) evaluación en la

consulta de la marcha y el equilibrio (puede hacerlo el médico con un instrumento de cribado9 o el fisioterapeuta);

d) detección y tratamiento de la hipotensión postural o de otras enfermedades crónicas que pueden producir debilidad en la bipedestación (p. ej., insuficiencia cardíaca congestiva, enfermedad pulmonar obstructiva crónica); e) detección y tratamiento de las pérdidas sensoriales, incluyendo la mala visión y los trastornos propioceptivos (p. ej., deficiencia de vitamina B12), y f) tratamiento físico, médico o quirúrgico de la artrosis o de otros trastornos muscu-losqueléticos, especialmente cuando hay afectación de los pies (capítulos 111 y 112).