Asma del deportista: tratamiento, causas, síntomas, diagnóstico y prevención

El asma es un trastorno médico frecuente que afecta del 12 % al 15 % de la población general de EE.Uu.14. Aproximadamente el 80 % de los pacientes asmáticos tienden a presentar un empeoramiento de los síntomas al realizar ejercicio físico. En algunos pacientes, incluso, sobre todo en los que presentan una rinitis alérgica, a veces el asma provocada por el ejercicio es la única manifestación de su enfermedad. Aunque muchos niños y adultos con asma limitan su nivel de actividad física para prevenir las exacerbaciones de la enfermedad, la mayoría deberían participar en actividades deportivas, aunque con una adecuada vigilancia médica. Los estudios han demostrado que, contrariamente al mito de que un paciente asmático no debe hacer ejercicio físico, existen evidencias de que no debe limitarse actividad física.15 Así, los asmáticos toleran bien los programas de ejercicio aeróbico y, en realidad, para ellos son muy beneficiosos.15-17

El entrenamiento físico aumenta el umbral ventilato-rio,15 que es el punto en que la frecuencia respiratoria aumenta bruscamente en respuesta a un trabajo o un ejercicio físico progresivos. Se cree que dicho umbral está relacionado con el punto en que el impulso ventilatorio es controlado por la necesidad para eliminar el exceso de CO2 que ocurre en las situaciones anaeróbicas. Así, durante el ejercicio físico las exacerbaciones asmáticas ocurren generalmente en el nivel del umbral ventilatorio. Una mejor forma física y un programa regular de ejercicio físico hacen que aumente la cantidad de trabajo necesaria para alcanzar dicho umbral. Por lo tanto, la forma física puede aumentar la tolerancia al trabajo y disminuir el riesgo de las exacerbaciones asmáticas.

Varios estudios han demostrado que, en los pacientes asmáticos que realizan entrenamientos aeróbicos, se observa una disminución del número de crisis asmáticas, una menor necesidad de fármacos para la enfermedad y una disminución del absentismo escolar.17 Por el contrario, otros estudios han confirmado que, si se compara a asmáticos con no asmáticos a unos niveles similares de actividad física, el asma es un trastorno que realmente limita la forma física de estos pacientes.18-20 Las recomendaciones específicas de ejercicio para los asmáticos sugieren que, cuando un asmático corre el riesgo de presentar una exacerbación de la enfermedad, las actividades de mayor duración y menor intensidad (cercanas al 60 % de la captación máxima de oxígeno prevista) son las más recomendables para mantener una buena forma física pero permaneciendo por debajo del umbral ventilatorio.16

Diversos fármacos permiten a los asmáticos conservar su capacidad para realizar ejercicio físico y prevenir las crisis. Los inhaladores agonistas beta de acción prolongada (albuterol), son útiles cuando se administran tanto antes como mientras se realiza la actividad. Inhalado de manera regular y combinado con el albuterol, el cromoglicato disódico resulta eficaz para el control profiláctico crónico del asma. Especialmente durante las etapas álgidas de las alergias estacionales, resulta útil la administración de antihistamínicos, como la clorfeniramina (que es barato, pero que puede producir sedación en algunos pacientes) o el astemizol y la ter-fenadina (más caros, pero sin efectos sedantes).

En un estudio presentado en la reunión anual de 1996 de la American Medical Society for Sports Medicine, se analizó el efecto de la heparina inhalada en la prevención del broncospasmo tras el ejercicio.21 Al parecer, la heparina previene las respuestas broncoconstrictoras agudas producidas por la desgranulación de los mastocitos y, también, previene la broncoconstricción en general, independientemente de la constricción bronquial debida a la acción de la histamina.