Artritis reumatoidea juvenil: tratamiento, causas, síntomas, diagnóstico y prevención

La artritis reumatoidea juvenil (ARJ), un grupo heterogéneo de procesos conocido como enfermedad de Still, es clínicamente distinta de la AR de los adultos. Se desconoce la causa. Las hipótesis sobre su etiología comprenden infección, hipersensibilidad, reacción autoinmune o una combinación de esos factores. Por fortuna, al menos el 75 % de los niños con ARJ acaban por presentar remisiones largas sin deformidad residual ni pérdida de función significativas, aunque la evolución es impredecible en cada paciente. En alrededor del 5 % de los pacientes con AR del adulto, los síntomas comenzaron durante la infancia.

Las formas clínicas de ARJ se clasifican en tres categorías principales: oligoarticulares (40-50 % de los casos), poliarticulares (25-40%) y sistémicas (10-20%). Esa clasificación tiene utilidad para determinar el diagnóstico, el tratamiento y el pronóstico en niños con artritis crónica. Se deben excluir otras causas de artritis como trastornos mecánicos o degenerativos, artritis séptica, artritis reactiva

a infección extraarticular, enfermedades del tejido conjuntivo, trastornos neoplásicos, anomalías endocrinas (diabetes mellitus dependiente de la insulina, hipertiroidismo, hipotiroidismo) y síndromes pediátricos de dolor articular idiopático. El diagnóstico puede ser difícil cuando no existe tumefacción articular objetiva y persistente. La ARJ se diagnostica en gran parte por exclusión.

En la enfermedad de comienzo oligoarticular se afectan cuatro o menos articulaciones durante los seis primeros meses con síntomas. La afectación predomina en las articulaciones grandes y muchas veces tiene carácter asimétrico. El 80 % de los casos de ARJ oligoarticular de tipo I se diagnostican en niñas, de modo habitual antes de los cuatro años de edad. Estos pacientes presentan un riesgo del 30 % de iridociclitis crónica y un riesgo del 10 % de lesión ocular. El 90 % de los pacientes con ARJ oligoarticular de tipo II son varones, de modo habitual con 8 años de edad o más, y muchos de ellos acaban desarrollando espondiloar-tropatías como la espondilitis anquilosante. El 10 % sufren iridociclitis aguda. Muchos autores recomiendan los exámenes frecuentes con lámpara de hendidura en los pacientes con ARJ de comienzo oligoarticular, con el fin de prevenir la formación de tejido cicatrizal y la pérdida de visión.

La ARJ de comienzo poliarticular es más frecuente en niñas y afecta a múltiples articulaciones, entre ellas las pequeñas de manos y pies. La ARJ poliarticular con factor reumatoideo positivo tiende a ser más grave que la forma con FR negativo, tanto en lo que se refiere al cuadro agudo como respecto al riesgo de evolución de la artritis crónica grave.

La ARJ de comienzo sistémico se caracteriza por fiebre alta intermitente (> 39 °C), exantema, hepatosplenome-galia, adenopatías, artralgias y leucocitosis. La artritis se convierte en crónica pero los síntomas sistémicos suelen desaparecer con el tiempo.

Los AINE se emplean en general como tratamiento de primera línea para la ARJ, ya que el peligro de síndrome de Reye desaconseja el uso de salicilatos, considerados fármacos de elección en el pasado. Al igual que en los adultos, se están empleando con mayor frecuencia dosis bajas de metotrexato como fármaco de elección de segunda línea. También se ha ensayado con éxito la sulfasalacina. Los compuestos de oro, los antipalúdicos y la penicilina son quizá menos eficaces en la ARJ que en la AR del adulto, y se utilizan con menos frecuencia. Los glucocorticoides sistémicos a largo plazo son efectivos para aliviar los síntomas, pero no previenen la lesión articular y es preferible prescindir de ellos en los niños, si se puede. Para la irido-ciclitis asociada se emplean esteroides tópicos. La fisioterapia y la terapia ocupacional son importantes para proteger la movilidad articular; este aspecto tiene interés particular en la ARJ, ya que los niños muchas veces no se quejan de dolor, sino simplemente dejan de emplear las articulaciones afectas. El objetivo último consiste en utilizar las diferentes formas de terapia para permitir que los niños con ARJ tengan una vida activa y normal. El médico de familia coordina la atención con otros miembros del equipo terapéutico y proporciona el apoyo necesario al niño y a la familia.